Viaje alrededor del mundo con Guillermo Cabrera Infante

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Para hablar de un escritor que ganó el premio Cervantes (en 1997), saco de mi cajón una colección de artículos sobre ciudades de Guillermo Cabrera Infante reunidos en un libro: El libro de las ciudades, publicado por Alfaguara en 1999. (Il libro delle città, il Saggiatore, 2001).

Al final del capítulo que sirve de introducción, el autor comenta: «Es así que he buscado en otras ciudades el esplendor que fue de La Habana». No la encontró en todas (era un crítico muy severo), pero sus descripciones resultan a menudo encantadoras.

Guillermo Cabrera Infante vivió en tres ciudades: La Habana, Londres y Bruselas.

Cuando sale a dar un paseo por Bruselas comenta: «La arquitectura es el único arte que uno no sale a buscar (en un libro, en un museo, en el cine), es el arte que nos busca, que nos encuentra y a menudo nos asalta. Hay sin embargo en Bruselas una arquitectura que vale la pena buscar».

De Londres nos dice que «no es una ciudad eterna pero dura» y que «un recorrido de pocas calles, bocacalles y callejones por un barrio de Londres, Kensigton,…es una encrucijada literaria».

Pero «La Habana guarda una extraña belleza entre las ruinas.»

Desde el punto de vista del traductor, un viaje dentro de un libro de Cabrera Infante se parece a una caja llena de sorpresas: el autor tenía una gran erudición y, además, era maestro en juegos de palabras y en  el uso de figuras retóricas como la aliteración.

Por ejemplo, en el capítulo sobre Madrid, hablando de la Gran Vía: «Calle que es un mundo y mejor para pasear que esa Piccadilly por donde ahora camino para entrar de nuevo en Burlington Arcade y una vez más atravesar la galería, el largo corredor  protegido no del sol sino del viento y de la lluvia, que recorro una vez menos, como al principio pero no hay principio ni fin en la memoria y al final, cuando debo salir a Saville Row, cul-de-sac sartorial salgo a Callao, que alguien, seguramente un chusco cheli, pronuncia Callaos. Calla, calle.»

Ahora bien, callaos al lector italiano tenía que explicárselo. Sin contar  que a continuación había calla, calle: «Taci, calle». Y, bien mirado,  calle no es sólo un substantivo, sino también un verbo. Taci, taccia; taci, strada; taci, calle; calla, calle… Así que, de acuerdo con la redactora, pusimos una nota. Pero, comparado con el texto español, mucho se pierde. Y lo que se pierde no es sólo la aliteración  (que es la repetición de sílabas consonantes al principio de palabras), sino las connotaciones de la palabra cheli.

No estoy convencida de que volviendo a traducir este libro adoptaría las mismas soluciones: ya han pasado muchos años.

Lo que sí sé es que traducir a Cabrera Infante es una tarea difícil. Por suerte, a veces la lengua te ayuda. Me refiero al título del capitulo: «Taxi y sexo».

Así empieza el capítulo: «Llegué tarde al sexo y al taxi, a los que une algo más que esa equis culpable».

Bueno, el sesso en Italia no tiene ninguna equis culpable, pero la lengua italiana, afortunadamente, tiene una palabrita desausada: el tassì. En mi traducción puse: Tassì e sesso. Así que en la edición italiana las culpables resultan las eses.

Un autor que se vale a menudo de la reiteración de los sonidos (calle, bocacalle, callejón) y de las figuras literarias te ofrece la posibilidad de ejercer tu creatividad. Pero, donde no hay creatividad que valga, pones una nota.

En el segundo capítulo, la nota la pone el autor hablando de las locuciones en inglés: «La sabiduría de nación inglesa a veces produce obras maestras capaces de abochornar el español – si los idiomas tuvieron vergüenza. Así, mientras nuestro tomar el pelo es tirar la pata, nadar y guardar la ropa se convierte en comer el pastel y conservarlo también, y entre la espada y la pared pasa de una típica situación de camorristas a ser reflexión metafísica: entre el diablo y el profundo mar azul».

Pongo aquí, a modo de ejemplo, como traduje la última parte : «entre la espada e la pared – essere tra l’incudine e il martello – da tipica situazione camorrista si fa riflessione lirica: tra il diavolo e il profondo mare azzurro.»

No hizo falta escribir las correspondientes locuciones inglesas, ya que Cabrera Infante las traducía en su idioma. Lo importante era explicar el sentido de la locución adverbial entre la espalda y la pared, dejándola en su forma original.

En una entrevista, (de Suzanne Jill Levine en la revista «Trans») Guillermo Cabrera Infante dijo que «una palabra te ofrece la posibilidad de no sólo dos, sino tres palabras más que surgen porque dicha palabra las sugiere. Eso no sucede solo al traducir. Sucede con todo lo que escribo.»

Yo creo que eso pasa también a los lectores de sus obras.

SILVIA SICHEL

Silvia Sichel