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VENGANZA

Despechado ante la indiferencia de ella, el domador ordena a sus leones que ataquen. La maga, con sumo placer, hace de cada fiera un amante

ENVIDIA

Se mira en un trozo de espejo que los enanos tienen colgado en el cuartucho. Está flaca, ojerosa.
—Exceso de trabajo —murmura para sí con rabia.
En la foto del periódico, su madre, espléndida: el dinero de la corona paga las cirugías que mantienen esa juventud ficticia que ella ahora observa mientras siente que se ahoga en un agua helada, viscosa.
No perderá sus mejores años escondida en un bosque trabajando como criada para siete avaros.
—Inoculá tu veneno en esta manzana —ordena. La serpiente obedece, no se arriesga a sufrir las consecuencias terribles que podría acarrearle otro problema con una mujer.
Coloca el fruto envenenado en una canastilla y acude a palacio.

COMITÉ DE RECEPCIÓN

Estás vos, coronel; está la enfermera, y este médico indolente que, con la entrepierna ardiendo por la enfermera se distrae, se demora, no presta debida atención. Éste, su negligencia, va a acabar matándote. Por eso los otros, los muertos que vos mataste, ya vienen en camino, ya llegan. Ya te rodean: vivitos y coleando.

PATRICIA NASELLO (Córdoba, Argentina, 28 de septiembre de l959)