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VOLVER

No sabíamos que la vida es una calle que se cruza deprisa para llegar al otro lado. Volvemos a casa una y otra vez. Nos acordarnos del anillo antiguo de mamá y del espejo del vestidor que sabía engullirnos a los tres, de un solo bocado.

CELOSÍA
La hermana Luisita nos mandaba al confesionario cuando nos portábamos mal. Le decíamos que íbamos a ser buenas como ángeles de retablo a partir de entonces, que por favor no. Pero ella era inflexible, al confesionario, decía, hijas bastardas del diablo. Y marchábamos temblando a la capilla del colegio, con ella siguiendo nuestros pasos como un perro negro. Y abríamos la puerta de celosia y aspirábamos el olor a muerto de cera y palo y se hacía de noche allá dentro. Nunca nos sentábamos en la silla, porque la hermana Luisita nos ordenaba desde fuera que nos quedásemos de pie, como Cristo cuando le azotaron. Y así, agruárdabamos hasta que el aire comenzaba a oler a azufre y nos anunciaba que llegaba nuestro padre, el demonio, que asomaba sus ojos amarillos a las rendijas, nos decía cuánto se alegraba de vernos y empezaba a confesar, uno a uno, todos sus pecados.

PATRICIA ESTEBAN ERLÉS ((Zaragoza, 1972).

Patricia Esteban Erlés