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Dibujo de Andrea López Álvarez

Traducir significa mantener un doble diálogo: traductor-autor y traductor- lector.

Se dice que el escritor tiene un doble: el traductor de sus novelas.

Tampoco es tan raro que el escritor sea su proprio doble: es el caso de la autotraducción. Podemos recordar, por ejemplo, a Vladimir Nabokov que tradujo su Lolita del inglés al ruso.

A menudo el traductor se convierte con el tiempo en escritor. Ponemos un ejemplo ilustre: Julio Cortázar, traductor de Edgar Allan Poe, entre otros. «Yo le aconsejaría a cualquier escritor joven que tiene dificultades de escritura, si fuese amigo de dar consejos, que deje de escribir un tiempo por su cuenta y que haga traducciones; que traduzca buena literatura, y un día se va a dar cuenta que puede escribir con una soltura que no tenía antes.» (Conversaciones con Cortázar, Ernesto González Bermejo, Edhasa.)

Pero: ¡Cuidado! La idea del doble es fascinante, puesto que trae consigo la imagen del espejo. Sin embargo, la traducción no es ni un espejo que repite fielmente el original, ni su doble perfecto. Existe, y no puede ser diversamente, alguna asimetría. «Traducir quiere decir entender tanto el sistema interno de una lengua como la estructura de un texto determinado en esa lengua, y construir un duplicado del sistema textual que, según una determinada descripción, pueda producir efectos análogos en el lector, ya sea en el plano semántico y sintáctico o en el estilístico, métrico, fonosimbólico, así como en lo que concierne a los efectos pasionales a los que el texto fuente tendía. “Según una determinada descripción”, significa que toda traducción presenta unos márgenes de infidelidad con respecto a un núcleo de presunta fidelidad, pero la decisión sobre la posición del núcleo y la amplitud de los márgenes depende de las finalidades que se plantea el traductor» dice Eco, en Decir casi lo mismo (Lumen, trad. de Helena Lozano).

Por eso, cuando tuve que encontrar una imagen para un taller de traducción que imparto en el Cervantes de Milán, elegí ésta del blog andrealopezalvarez.blogspot.it (que su autora me dejó utilizar). Estaba dentro de los logotipos, y no sé con qué intención la había hecho la ilustradora, pero lo bueno de un dibujo es que puede tener muchas interpretaciones. Así que yo al logotipo de arriba le he atribuido diferentes sentidos: la duda del traductor o un doble que no encaja perfectamente y sin embargo representa la totalidad del texto y la asimetría de la traducción. Y ya que en mi taller hablaba de anagramas y juegos de palabras a mí me pareció que representaba a la perfección un rompecabezas, la duda del lector. En resumidas cuentas, no un espejo, sino un espejismo.

¿En qué pensó la autora cuando lo diseñó? Quizás quería ilustrar una marca de chocolate, una organización no gubernamental, un juguete, las fiestas de Pascua, una campaña para el fomento de la lectura… Todo es posible.

Esta entrada pretende agradecer su generoso préstamo (siendo traductora, conozco muy bien la alegría que da cuando lees tus palabras en una cita de un periódico o en una entrada de un sitio que habla bien de una novela, y el disgusto que te llevas cuando te das cuenta de que no han puesto tu nombre), y es una invitación a la autora para que nos desvele el origen de su diseño.

La respuesta de Andrea López Álvarez autora del dibujo:

“Esta imagen fue creada para una campaña institucional que pretendía promocionar la Literatura y el Teatro en gallego. Mi idea era representar estas bellas artes mediante la invención de un personaje de dos cabezas y un solo cuerpo, el de la Cultura”

SILVIA SICHEL.

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