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Balada triste de trompeta (España, Francia, 2010) es una película dirigida por Álex de la Iglesia, con la que ganó el León de Plata a la mejor dirección en 2010. Es difícilmente clasificable por género cinematográfico porque, como todas su películas, tiene características de comedia negra y de terror, así como de drama. Además el cuento principal – ambientado en el Madrid de 1973 – tiene puntos de contacto más o menos fantásticos con algunos personajes y sucesos relevantes de la España franquista.

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Es interesante el discurso sobre la memoria de la Guerra Civil que hace en el largo flashback con que empieza la película, ambientado durante la Batalla de Madrid de 1937. Dos payasos están actuando en un circo durante un bombardeo del bando nacional. Un oficial republicano – sujeto al mando del militar estalinista Enrique Líster – interrumpe la actuación y enrola a todos los trabajadores del circo. Los sublevados acaban ganando el enfrentamiento en la Estación del Norte de Madrid y el payaso tonto – padre de uno de los protagonistas del cuento principal – es hecho prisionero: será destinado a trabajos forzados para la construcción del monumento del Valle de los Caídos.

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En una entrevista, Álex de la Iglesia explica este largo flashback alegando que los traumas de la Guerra son los únicos causantes de la locura del personaje del payaso triste (Carlos Areces). Esta explicación no es muy convincente. Con el flashback, parecería que el director quiere dar una imagen precisa de su juicio sobre la guerra. Me parece más bien que su objetivo es cuestionar la imagen de guerra heroica y algunos mitos sangrientos y lo hace presentando personajes y situaciones que hacen imposible sentir simpatía por cualquiera de los dos bandos en lucha. En el flashback hay dos personajes claramente negativos, que son los dos comandantes militares del bando republicano y del bando nacional. El comandante republicano no tiene escrúpulos aterrorizando niños o tiranizando civiles: lo vemos que amenaza y golpea al payaso triste que se resiste al alistamiento forzoso – pero, por prejuicios machistas, aleja la mujer barbuda de la zona de batalla. Después, durante la lucha, cegado por el miedo, dispara incluso a sus propios soldados. La narración responsabiliza a este comandante del amargo destino del payaso tonto y de su hijo, el payaso triste del cuento principal de la película. El comandante de los militares rebeldes, en estas primeras escenas, es claramente responsable del bombardeo de la ciudad y del fusilamiento sistemático de prisioneros – civiles también – en la zona republicana; durante la película, habrá otras ocasiones para mostrar su maldad. De alguna manera, parecería que el espectáculo del circo no hubiera terminado con la llegada de los militares. Primero el comandante republicano y después el comandante rebelde actúan como payasos tristes y crueles junto al payaso tonto, comprometido con desgana con una Guerra que lo transformará en un fantasma ávido de venganza.

En las imágenes del flashback, las tropas republicanas y nacionales parecen absueltas de la responsabilidad de las peores barbaridades: los republicanos perdonan casi seguramente la vida a un cura prisionero; el hijo del payaso tonto es llevado ante su padre prisionero por un compasivo soldado del bando nacional.

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Desde los títulos de crédito iniciales hasta el delirante final en el Valle de los Caídos, los símbolos de la dictadura franquista hacen más inquietante y grotesca la ambientación de la película. El juicio del director sobre la II República Española me parece también negativo y puede ser resumido en una sola escena secundaria de este flashback: durante los fusilamientos de masa, un prisionero republicano grita antes de morir “¡Viva la República!”, y un trabajador del circo lo imita gritando “¡Viva el circo!”. Este no es solamente un chiste macabro, es un juicio sobre la experiencia republicana: una república demasiado inestable, más un circo que una forma de gobierno o una institución política que funcionó realmente.

¿Se puede considerar Balada triste una película revisionista? No tengo bastante competencia para expresarme en este sentido. No me parece que esta película aspire a evaluar los años de la dictadura franquista y creo que sería exagerado interpretar toda la película como una alegoría negativa de la lucha entre franquistas y antifranquistas. Es probable que el objetivo de la película sea desmontar los mitos sobre la guerra, con intención pacifista y con los medios del Grand Guignol, en el más puro estilo de Álex de la Iglesia.

Giulio Amadei

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