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GÉNESIS

Aquella mañana empezamos a ver las cosas más claras: la complejidad del universo, la evolución de los seres vivos, que sobre un punto de apoyo se podría levantar el mundo, que era la tierra la que giraba alrededor del sol y no al contrario y, sobre todo, intuimos que la existencia es un misterio indescifrable. No habían pasado ni dos horas cuando llegó el guardia con la carta de desahucio: el casero había conseguido echarnos a la calle. Nos vinimos a este lugar tan frío, tuvimos hijos. Del resto saben ustedes mucho más que nosotros. El caso es que aquella mañana, en el desayuno, habíamos compartida una manzana.

JOSÉ MARÍA MERINO (La Coruña, 5 de marzo de 1941)

LA FUENTE DE LA MUERTE

No compartió con nadie la fuente de la vida y, cuando la humanidad hubo desaparecido, se dedicó a buscar la fuente de la muerte. Un día encontró a otro ser humano en sus mismas condiciones, era una mujer; también buscaba la fuente de la muerte. El alivio de la mutua compañía duró unos miles de años: luego se afanaron de nuevo en aquella búsqueda. Un día la mujer ofreció a Adán una pieza de fruta. “Nos habíamos equivocado. Buscábamos un manantial y se trataba de una manzana”.

JUAN PEDRO APARICIO (León, 1941)

Juan Pedro Aparicio