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BOLERO DE RAVEL

Creo que fue ella la de la idea. El hecho es que muy rápido hicimos de esa idea un juego, uno de esos rituales que en su repetición se desdoblan al infinito pero guardando siempre un núcleo. El infinito eran nuestras caricias espontáneas, nuestras palabras a media voz, nuestras ganas de poseernos mutuamente de cualquier manera; mientras que el núcleo era la música que escuchábamos, el Bolero de Ravel. Primero, al ritmo de las flautas, anhelábamos encontrarnos en medio de la oscuridad; después, cuando entraba el clarinete, nos precipitábamos a aquello que buscábamos y que llegaba, esperado, frenético, inevitable, con el tutti de instrumentos, en medio del clímax final. Ahora que nos hemos separado, que ella ha dejado el piso sin decirme una sola palabra, que nunca más escucharemos juntos a Ravel, quiero convencerme de que se ha llevado el disco como recuerdo de lo que fue nuestra vida juntos, pero algo me dice que, infame, cruel y voluptuoso, el Bolero de Ravel será puesto a todo volumen esta madrugada.

CASA DE MUÑECAS

La niñita abre el regalo de cumpleaños con entusiasmo y rapidez, la misma rapidez con la que despliega la casita donde encuentra reproducidos en primorosa miniatura, al perro en el jardín, después la puerta de entrada, la sala con la televisión encendida, unas escaleras que suben hasta los cuartos, el cuarto grande familiarmente desordenado, pero también el pequeño, el mismo cuarto en el que ella coge entre sus dedos a sus padres que la miran felices, nerviosos y, finalmente, aterrorizados con tan peligroso juguete.

FÉLIX TERRONES (Lima, 1980). Los micros pertenecen al libro EL VIENTO EN TU CARA, Editorial Nazarí, 2014.

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