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Miércoles, 22 de febrero de 2017 18h

La condición animal de Valeria Correa Fiz

Club de lectura con presencia de la autora

Coordinador: Dante Liano

Biblioteca del Instituto Cervantes, via Dante, 12, primer piso

(Pueden comprarlo en la librería Il libro o en las principales tiendas de eBook)


Es imposible que alguien se interne en los doce cuentos que forman La condición animal y no salga de ellos, al menos, sacudido, turbado y, por qué no advertirlo, también conmocionado por la intensidad de estas historias.

¿Qué es lo que nos hace diferentes como especie, en qué consiste la condición humana? ¿Sabernos frágiles, expuestos, mortales? ¿Cómo seríamos  si no temiésemos el mal ajeno? Eso parece preguntarse cada uno de los cuentos que Valeria Correa Fiz ha escrito con una prosa visceral, física y cargada de turbiedades, para conducirnos hasta nuestros propios miedos, nuestras inseguridades, nuestros temblores. El ángulo más oscuro del ser humano –la locura y la muerte, el amor y la enfermedad, la obsesión y la violencia y la ternura inevitables–. Un libro brutal. Un libro que duele, como duele siempre la buena literatura.

Pocas veces nos podemos encontrar con un debut tan deslumbrante como este primer libro de Valeria Correa Fiz, una apuesta rotunda, seria y apasionante, que rebosa calidad y, sobre todo, futuro.

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Fernández Cubas

Premio Nal. de Narrativa 2016

  1. La condición animal. Un sorprendente, crudo e intenso primer libro de Valeria Correa Fiz, argentina de la que no sé más que lo que cuenta la solapa y, la verdad, no cuenta demasiado. Los 12 relatos sí lo hacen… iY cómo!

Publicado en El País del 17/12/2016 – Babelia “LOS LIBROS DEL AÑO”


LEVIATÁN

Era muy tarde cuando lo llamaron para advertirle de que se habían llevado también a Liza. Daniel no preguntó cuándo ni en dónde. No había tiempo que perder. Abandonó la pieza con la luz encendida y sus tres mosquitos. La canilla que goteaba. Dormitó solo diez minutos en un banco de la terminal y soñó con ella. El autobús para Esquel partió a las siete de la mañana del día siguiente. Desde allí lo ayudarían a escapar a Chile. Si todo salía bien, en menos de un mes estaría en Europa.
El país era ancho, el país era largo, el país era alto en la frontera con Chile. La abundancia de cielo, las nieves de los Andes, los ríos de deshielo hasta donde nadaban las truchas a contracorriente para desovar. Se lo había explicado Liza. Otra vez ella. Decía, a quien la quisiera escuchar, que el contrato con la revista Wild Waters la había llevado a través del continente americano por carreteras de tierra hasta la cama de Daniel.

La lectura de su primer libro “La condición animal” me cayó como puñetazo en el estómago; Valeria es una escritora excepcional, además de su sensibilidad y de su sentido de la poesía tiene una imaginación que te asombra y te da miedo.

Jean Claude Fonder


NOSTALGIA DE LA MORGUE

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A lo largo de mi vida he ayudado a tanta gente que las caras se me amontonan en la memoria como en un mal sueño o una bruma de ayahuasca, pero siempre estará conmigo, inconfundible, la cara de Esteban en la morgue del Pío X.
Detesto los hospitales. Su arquitectura carcelaria y la tiranía de los médicos que por el bien del cuerpo te mutilan de a poco la voluntad y el alma. Agujas, horarios, antibióticos. A mí no me fue mal; a Esteban, en cambio, le amputaron las manos.
Así lo conocí, inválido a causa de una infección.
Sin cerrar los ojos, veo aún el trajín de las enfermeras que le atravesaban el cuerpo con atenciones y gasas mientras Esteban lloraba con ese aire de gánster de ballet que lo hacía irresistible. Al principio, se le soltaron un par de lágrimas lentas de los ojazos azules. Después, el llanto creció en progresión geométrica. Se derramaba sobre la cara imberbe, haciendo la pelusa aún más rubia. ¿A qué edad te hubiera salido la barba, Esteban, cuándo?
Cuando lo trajeron del quirófano esa mañana hace ya más de treinta y cinco años, me pregunté qué habría sentido el médico al cortar una masa elástica de músculos, nervios y huesos jóvenes. Tres rayos de sol se filtraron por entre las persianas del cuarto, y me obligaron a cerrar los ojos.

Os encantará, ya veréis. En pocas páginas, un pequeño tesoro. Las emociones son las mismas que se respiran en los demás relatos del libro: esa misma inquietud por la vida y por la condición humana que Valeria nos brinda cada vez que viene a visitarnos. Porque en el fondo, siempre lo supe: Valeria es muy rock, rock hasta la médula.

Laura Pollachini García

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Viernes, 7 de octubre de 2016 | Actualización continua

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Opinión VÉRTIGOS

La condición animal

ELOY TIZÓN  | 23/09/2016 |  Edición impresa

En este libro hay muchachas que se pintan de rojo los labios con sangre de gato. Alfileres clavados en la carne pálida de otra muchacha, dentro de los probadores y sus multiplicaciones de espejos. Frigoríficos que electrocutan niños. Alguien que lee el porvenir en las líneas de una mano amputada. De repente llueven ranas. En La condicion animal, primer libro de relatos de Valeria Correa Fiz, hay todo eso, y también un sentido de la belleza ritual y de la crueldad refinada muy japonesas, lo que le permite narrar barbaridades sin que le tiemble el pulso. Estamos ante una mente capaz de combinar la dulzura de un kimono o un almendro en flor con el destello quirúrgico de las pinzas de un ginecólogo.

La sensibilidad de Valeria es muy cinematográfica; pertenece al mismo orden del discurso que aquella escena de la película Repulsión de Roman Polanski, en la que Catherine Deneuve trabaja de manicura en un centro de estética de clase alta, hasta que un día se le nubla el juicio y, sin venir a cuento, hiere o mutila la mano de una de sus clientas. ¿Por qué lo hace? No llegamos a saberlo. Tampoco sabremos nunca por qué, como escribe Valeria, “era tan fácil herir con la ternura como con cualquier otra cosa”.

La ternura como arma. Diría que La condición animal es un libro que aúlla educadamente. La mano de Valeria crea tensión y estira el tiempo para recordarnos que el miedo es lento. El miedo no se apresura. Cuanto más lento, más miedo es. Y este es un libro lento, lleno de pausas, no corre, se toma su tiempo para decir su noche y el bosque que lleva dentro. O, para expresarlo en sus propios términos: “Qué asco, qué grandísimo asco es la felicidad”. Despacio, cada vez más despacio. Sobrecoge por su fiereza. Asusta. Es una máquina de temblar. Pero no asusta por su condición animal. Lo que asusta de él, como siempre, es su condición humana.


Valeria Correa Fiz nació y creció en Rosario (Argentina), a orillas del río Paraná. Aunque hace más de diez años que vive en el extranjero (siempre en ciudades que empiezan rigurosamente con la letra eme: Miami, Milán, Madrid), todavía conserva el humor turbio y sedicioso que le legaron las aguas del río.

Impartió talleres de escritura creativa en las ciudades norteamericanas de Miami y Weston y coordinó el Grupo de Lectura en Español para la cadena de librerías norteamericanas Barnes & Noble durante cuatro años. Posteriormente estuvo a cargo del club lectura de la Librería Melting Pot (Milán) durante cinco años. Desde el año 2012 hasta la fecha, coordina los talleres de escritura creativa y traducción y los clubes de narrativa y poesía en el Instituto Cervantes de Milán, Italia.

Es autora del poemario “El álbum oscuro” (I Finalista Premio de Poesía Manuel del Cabral 2015) y del libro de relatos “La condición animal”,  publicado en 2016 por Páginas de Espuma.

Escribe asiduamente para las revistas digitales Aire Nuestro y Los Amigos de Cervantes;  suyas son las columnas “El microrrelato de los viernes”, “Poemas escogidos”  y más recientemente el “#BREVIARIO“.

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