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La condición animal

de Valeria Correa Fiz

(Páginas de Espuma, septiembre de 2016. )

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En este último período la pregunta que llena los pasillos del Cervantes de Milán es “¿Has leido el ultimo libro de Valeria?” Ahora por fin puedo responder: “SÍ, gente, lo he leido”. Guau, qué sorpresa.

Valeria Correa Fiz, acaba de publicar su primer libro La condición animal. Doce relatos, un debut muy interesante y muy prometedor.

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Valeria colabora con nuestro instituto, impartiendo cursos de escritura creativa y moderando el club de lectura de la biblioteca. Me gusta llamarla nuestra criatura, nuestra perla, y con su entusiasmo, su pasión y cultura ha conseguido dar linfa nueva a nuestra biblioteca.

Su primer libro es difícil de clasificar: doce cuentos, algunos muy breves y otros más largos, que retratan todas las matices que el ser humano puede llegar a tener, desde la violencia, el odio, la locura y hasta la muerte. Pero también hay espacio para el amor, el deseo, la nostalgia como en el cuento que me ha realmente entusiasmado: Nostalgia de la morgue.

Siempre me ha fascinado el poder de la mirada. Esas miradas que lo dicen todo, que dejan sin palabras, para bien o para mal. En este relato, la mirada de Esteban, un chico de ojazos azules, se encuentra con la de “Aldo Ibañez, bailarina, pintor de acuarelas y adivino”. Los dos, ingresados en un hospital, comparten la misma habitación. Esteban con una enfermedad que le está consumiendo y que le ha dejado sin manos, y Aldo, que padece una infección pulmonar.

“Cuando no se está en peligro, ni dolorido –aunque se está debil -, no hay tedio como el hospitalario. El tedio no se da nunca por vencido. Circula por los pasillos y por las venas”.

Aldo queda prendado poco a poco de ese chico al que ayuda a comer, al que cuenta todas sus vivencias, sus emociones. Esteban, desde su cama y con sus muñones doloridos, le escucha en silencio. “Esteban nunca me juzgó; se le notaba en la transparencia de sus ojazos azules. Eras unos ojos candorosos (ya lo dije), pero no sé cómo describirlos. Eran sin telarañas.”

No quiero contar el final del cuento para no chafaros la ambientación surrealista. Quitaría todo el encanto y la nostalgia sobre todo cuando Aldo y Esteban logran llegar hasta la morgue. Solo contaros cómo una mirada puede ser el motor de las acciones más absurdas y de las mentiras más viles. Y de cómo un lugar como la morgue, frío y macabro, puede llegar a ser el sitio más deseado y el más anhelado; el lugar donde sentirse más vivo que nunca.

“Había que ver cómo los ojazos azules se pusieron a brillar, pero nada de lo que diga podría explicar esa mirada”.

Os encantará, ya veréis. En pocas páginas, un pequeño tesoro. Las emociones son las mismas que se respiran en los demás relatos del libro: esa misma inquietud por la vida y por la condición humana que Valeria nos brinda cada vez que viene a visitarnos. Porque en el fondo, siempre lo supe: Valeria es muy rock, rock hasta la médula.


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Laura Pollachini García