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Más de un lector se preguntará cuáles fueron los motivos de aquella cruel guerra civil, para ellos intentaré hacer luz sobre aquellos acontecimientos. Con el voto del pueblo español se declaró la República y el rey Alfonso XIII hizo las maletas, naturalmente repletas de tesoros y fue a establecerse a la sombra del Coliseo, trasladándose más tarde a Portugal. El nuevo régimen republicano había proyectado una serie de reformas que pueden resumirse en varios de los párrafos que pude consultar (este artículo lo publiqué hace veinte años y más o menos lo he renovado), en los cuales un dirigente proclamaba al inicio de la batalla contra los franquistas: “El carácter de nuestra lucha está determinado por el hecho de que todos nos proponíamos y nos proponemos, destruir las trabas semifeudales de la sociedad española, que hacían que mientras que unas castas privilegiadas vivían en el lujo y en la opulencia, la población laboriosa vegetase en la miseria, sufriese hambre y fuese víctima del analfabetismo. Deseamos acabar con eso y crear en nuestro país una vida de progreso y de civilización. Necesitamos aniquilar a los grandes terratenientes que han participado en su totalidad en la rebelión-militar fascista; necesitamos llevar a cabo la nacionalización de sus tierras, entregándoselas a los obreros agrícolas y a  los campesinos, para que las trabajen, individual o colectivamente”.  

Efectivamente la reforma agrícola fue realizada parcialmente, y fueron  entregadas las tierras de marqueses, condes y duques pasados al campo faccioso, que entre catorce de ellos poseían cerca 400.000 hectáreas, mientras miles de campesinos y obreros agrícolas no tenían tierra donde caerse muertos. Muchos obreros ganaban, cuando trabajaban menos de una peseta al día, la tarea duraba del alba hasta el calar de la noche.

“Necesitamos también destruir el poderío económico y político de la Iglesia, que era un centro de conspiración contra los intereses de las masas populares, y uno de los puntales más firmes de la España semifeudal, debemos ir a la confiscación y nacionalización de sus bienes. Bien entendido que el combatir la Iglesia en su estructura económica y política semifeudal  no equivale a combatir la religión, sino al contrario, pues sólo una España republicana y democrática, liberal y progresiva, podrá asegurar la libertad de culto en nuestro país”.

“La Iglesia y el Ejército eran las columnas de la oligarquía. Su potencia espiritual y temporal era enorme. La Iglesia era propietaria de once mil propiedades agrícolas, tenía intereses en el sector bancario, en propiedades urbanas, en las industrias, en los ferrocarriles y en las Compañías Marítimas. Monseñor Segura, arzobispo de Toledo, representaba la Iglesia del siglo XIII de la Inquisición; controlaba la pública instrucción, estaba a disposición de los latifundistas, era contrario al progreso social y enemigo de la clase operaria. Percibía 600.000 pesetas al año, con esta cantidad un campesino hubiera podido vivir más de mil años. Este eclesiástico reaccionario pensaba y proclamaba que el baño fuese un invento de los paganos, y del diablo”. ¿Por qué no le preguntaron si las barraganas, o sea las concubinas o compañeras de los sacerdotes se lavaban la vagina después del coito, o él la verga? La compañera del capellán  tenía el puesto de criada, debía tener doce años cumplidos. El pueblo seguía aceptando. A los hijos nacidos se les llamaba sobrinos. Estas uniones han durado una eternidad.   

“Necesitamos ir también a la liquidación del militarismo, del espíritu de casta, instrumento de represión de las aspiraciones progresivas del pueblo”.

El Ejército estaba siempre dispuesto a los pronunciamientos, y habiendo sido vencido y humillado en las guerras coloniales (Cuba, Filipinas y Marruecos), aprovechó la ocasión para ensañarse contra el pueblo, ayudado en su empresa criminal, mercenarios, moros y nazi-fascistas. Para los “señoritos”, era la carrera preferida. En el momento del pronunciamiento el Ejército contaba con 800 generales, uno cada 100 soldados, 15.000 oficiales, uno cada 6 soldados.

“Tenemos que desarticular asimismo las grandes oligarquías financieras, bancarias e industriales, íntimamente vinculadas a los grandes terratenientes y a la Iglesia, que obstruían el desarrollo normal de la economía del país”. Para el capitalismo esta alocución era una declaración de guerra. Hace falta saber que Esp/aña de país colonizador se había convertido en una colonia. Alguien afirmó con cinismo: En Esp/aña hemos encontrado nuestros indios. El capital extranjero temía que Esp/aña cesase de ser su colonia económica, y que los trabajadores huyeran de su dominación. La Finanza internacional se alió con todas aquellas fuerzas reaccionarias, ya citadas anteriormente para apoyar el golpe. Es algo curioso, que quien contactó a los representantes del imperio del dinero, fuese nada menos que un ex contrabandista en gran escala. Este banquero indecente, como lo había definido el ministro de Finanzas de la República, fue quien se puso en contacto con los representantes de las sociedades extranjeras, que habían acaparado la casi totalidad de las industrias y de las minas españolas. Estas sociedades eran la alemana Krupp (fabricante de armas), que había monopolizado prácticamente toda la producción siderúrgica de España. Los teléfonos, por mediación de la National Bank, se los había apropiado la americana International Telephone and Telegraph Corporation, más conocida como ITT. Las minas de cobre de Río Tinto estaban en manos de los Rothschild ingleses, que poseían también las de mercurio de Almadén, con una gran participación en compañías mineras, metalúrgicas y ferrocarriles. Se puede decir que la economía se hallaba en manos de capitalistas ingleses, franceses, alemanes, holandeses y norteamericanos. aliados con la burguesía y la Iglesia local. Las minas de cobre de Río Tinto financiaron la rebelión. Lo mismo hizo la gran sociedad de armas Vickers-Amstrong. Contra el monopolio del petróleo, realizado por el Gobierno, el multimillonario americano Deterding retiró su ayuda a la peseta. La compañía americana Texas Oil proporcionó a crédito a los facciosos 1.886.000 toneladas de carburante. El contrabandista, en Londres, combinó, de acuerdo con la Finanza internacional la ayuda a la insurrección. Pagó de su bolsillo dos mil quinientas libras esterlinas, una fortuna en aquella época, el alquiler de un avión De Havilland Dragón Rapide, con un piloto inglés con el cual poder transportar (a un infame verdugo, el general Franco), desde las islas Canarias hasta el Marruecos español, donde los militares traidores con las tropas mercenarias y los moros estaban esperando para que tomase el mando. El antiguo contrabandista, director del Monopolio del Tabaco, financiero e industrial, acusado de fraude, entregó un cheque en blanco para ayudar  a financiar la guerra.

Todas las decisiones tomadas por la República eran suficientes para hacer estallar no un Golpe de Estado si no muchos. Oponerse al latifundismo, a la Iglesia, al Ejército y la finanza internacional era comportarse como Don Quijote con su lucha contra los molinos de viento. Quizás ningún régimen democrático haya intentado nunca llevar a cabo tantas reformas en tan corto tiempo. La Niña bonita se hallaba sentada sobre un polvorín, que no tardaría en explotar. Razón tenía el poeta Antonio Machado, cuando anteriormente escribió: Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Esp/añas ha de helarte el corazón.

Mira Niña Bonita, debes saber que todo lo que escribo en tu defensa está basado sobre material acumulado durante años, miles de horas pasadas en bibliotecas francesas, italianas y españolas, pero todo esto no me ha bastado. Al final he decidido investigar con la ayuda del ordenador.

Me he informado sobre los numerosos partidos que formaban el Gobierno, sobre sus gobernantes… Me he quedado asombrado de la presencia de  charlatanes, masones, chaqueteros.

He ido en busca de la palabra República, cuyo origen es griego y leído lo que decía Platón: La República debe estar dividida en tres clases, parte inferior los trabajadores manuales, la clase de los guerreros y en la cúspide, la clase de los dirigentes. Sólo a los gobernantes pertenece el poder mentir, a fin de engañar al enemigo o a los ciudadanos en beneficio del Estado. Han transcurrido muchos siglos después de las ideas de Platón, pero las cosas no han cambiado.

Antonio Íbero Layetano
(alias el Bicho raro)

Continuará…