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Así como de la noche sale el claro día, de la opresión nace la libertad.

  Pérez Galdós

¡Hola! Guapa. Permite que te llame así, pues te conozco desde el día que naciste, el 14 de abril del 1931. Yo tenía tres años y medio, pero a pesar del tiempo transcurrido tu recuerdo ha quedado grabado en un rinconcito de mi cerebro. Actualmente éste se comporta caprichosamente, pues no me acuerdo donde meto las cosas, ¿tal vez la causa sea la  edad, o la defunción de mi compañera? ¡Quién sabe!

Recientemente le conté a mi doctora lo que me ocurría, me contestó que a ella le sucedía lo mismo.

Mira Niña, no quiero darte la lata, ya que deseo hablarte de algo que debes saber, de los errores que cometieron los gobernantes, me dirás que errar es humano, pero los casos que te relato fueron inhumanos, criminales. Imaginarás que tengo la cabeza como una olla de grillos, tal vez lo que te cuento te parecerá un potpurri…

Fueron numerosos los pueblos que pasaron por nuestra tierra, unos la llamaron Hispania, otros Iberia, pero según mi criterio el más acertado fue el que nos dieron los fenicios, que llamaron a España Isephanim, que significaría Isla de los conejos, pues tal era la abundancia de estos mamíferos. Pero a estos comerciantes lo que les interesaba era el oro, la plata, y otros metales que abundaban en la Península. Los íberos, un pueblo muy acogedor les ofrecieron conejos, que por lo visto desconocían. Al final todo terminó en un intercambio, oro y plata en cambio de objetos de lujo.

Niña, lo que quería decirte es que el nombre que nos dieron los fenicios fue casi acertado, pues en realidad éramos y seguimos siendo conejitos de Indias, como esos pobres animalitos que se emplean en los laboratorios para hacer experimentos.

La República de tu tatarabuela duró poco, la tuya algo más, pero acarreó tantísimos acontecimientos trágicos, como el de una Guerra Civil.

NOTA. Parte del material de este artículo, especialmente el que se refiere a la Iglesia proviene de la Enciclopedia: Historia General de España y América. (Naturalmente lo he alimentado con mi archivo personal, que he acumulado durante más de cuarenta años, basándome sobre publicaciones en varios idiomas, sin alterarlas, señalándolas entre comillas, limitándome a comentarlos a mi modo. Iniciaré con la ayuda de la “CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA. 1931. Artículo 1. España es un República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. ¡Ja, Ja, Ja! Artículo 3. El Estado español no tiene religión oficial, la enseñanza será laica, se reconoce a la Iglesia el derecho, sujeto a inspección del Estado. Artículo 6. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional. Artículo 25. No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las Leyes. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios. Artículo 43. La familia está bajo la salvaguardia especial del Estado. El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso de justa causa”.

Niña, la República, para el pueblo obrero sobretodo significaba la libertad.

Entre los millares y millares de obras que se han escrito sobre nuestra Guerra Civil, especialmente en inglés, hay una que leí años atrás que me inspiró, y escribí un artículo parecido al que narro a continuación. Como te iba diciendo, el libro se llamaba “The Spanish arena”. Naturalmente el autor de esta publicación vio los toros desde la barrera; creo que el título sea el más apropiado a la matanza que ensangrentó nuestra tierra. Como es de sobras sabido la corrida es un espectáculo bárbaro y sangriento (era desconocido a los íberos), donde un pobre animal enriquece a latifundistas y a otra gentuza. El toro no tiene ninguna probabilidad de vencer, pues le han limado los cuernos, y lo han drogado, torturado y desangrado con las banderillas. Al final de esta contienda trucada, al matador si ha brillado en la faena le concederán las orejas y el rabo, luego se realizará el macabro arrastre de la pobre bestia. Al día siguiente, en los principales  mercados de las localidades donde se celebraron las corridas se podrá leer un letrero con el siguiente anuncio: -Criadillas de lidia-, o sea que se venden los testículos del indefenso animal. A millares de españoles, y voluntarios extranjeros que lucharon en defensa de la libertad, que cayeron para no levantarse más, los testes se los zamparon los gusanos. Al terminar la guerra las arenas se convirtieron en campos de concentración donde fueron internados.

Diario Público ha publicado recientemente: “Réquiem x los toros. Protesta por los toros que perderán la vida en las fallas. Funeral en la plaza del Ayuntamiento de Valencia por los cerca de cuarenta toros de lidia que morirán torturados en los festejos taurinos. Una acción organizada por Animanaturalis. Más de 70,000 firmas contra el maltrato”. Razón tenía el poeta-pastor republicano Miguel Hernández que en una de sus numerosas poesías decía: “Como el toro he nacido para el luto y el dolor, como el toro estoy marcado…”

Ahora Niña te contaré algunas de las causas que causaron terribles acontecimientos sangrientos,  una de ellas fue la Revolución de Asturias de 1934, 5-19 de octubre. “Todo inició con una huelga general revolucionaria obrera, que terminó con una dura represión dirigida  por el general Franco desde Madrid, el cual movilizó un Ejército de mercenarios, que  podía asesinar, violar y saquear… Terminó con unos 1500-2000 muertos y 15,000 detenidos”. Antes de ser justiciados cantaban.

Hijos del pueblo que oprimen cadenas, esta injusticia no puede seguir, si tu existencia es un mundo de penas, antes que esclavo prefiero morir.

Los que escribieron sobre estos acontecimientos ¿qué carajo sabían lo qué eran las minas, sobre el trabajo de los mineros? Por casualidad, en el año 1949, estuve trabajando y viviendo en el norte de Francia, en el Nord-Pas de Calais, o sea en la cuenca minera, precisamente en Valenciennes. Mi trabajo consistía en suministrar el carbón a las casas de los mineros, y a las personas que venían a comprarlo. Antes de hallar este empleo yo regresaba de Bélgica donde purgué mi polizonada. Durante varias semanas encontré la hospitalidad de un pueblo llamado Cité Sabatier, donde la mayoría de sus habitantes eran asturianos y polacos. Me hablaban de su tarea en la mina…

Otras huelgas pacíficas que terminaron en masacres fueron las de Castilblanco (provincia de Badajoz), y la de Casas Viejas. “En la primera localidad los campesinos se manifestaban para pedir trabajo, pero la Guardia Civil la disolvió a pesar de ser un derecho, se organizó una huelga de dos días para poder conseguir el traslado del jefe local acusado de apoyar a los propietarios de las tierras y a los caciques. El alcalde envió a la Casa del Pueblo los civilones, un grupo de mujeres insultó a cuatro de ellos que estaban fuera, pero uno de ellos al tratar de impedir que entraran en el local, asesinó a una persona. La muchedumbre se abalanzó sobre ellos con palos, piedras y cuchillos y los linchó. Más tarde el Consejo de Guerra dictó sentencia de veintidós detenidos, siete condenados a pena de muerte, y seis a cadena perpetua. Al final las penas fueron rebajadas a cadena perpetua y a veinte años de cárcel”.

La masacre de Casas Viejas 10-12 de enero 1932 (provincia de Cádiz), fue aún más salvaje, uno de los hechos más trágicos de la Segunda República, que meses después provocó la caída del gobierno republicano. Un grupo de campesinos armados rodearon el cuartel de la Guardia Civil. Hubo disparos, 4 heridos, un sargento y un guardia murieron, al día siguiente llegan 11 civilones, liberaron a sus compañeros en el cuartel. Llegaron refuerzos de Guardias de Asalto abriendo fuego sin piedad. Se dio orden de disparar rifles y ametralladoras contra la choza. La incendiaron, y sus ocupantes, hombres y mujeres fueron acribillados. Detuvieron a doce personas y los asesinaron a sangre fría. Veintiséis personas muertas.”

“De la opresión nace la revolución.  La  historia de la humanidad ha sido siempre aquella de la opresión de los pueblos, de las clases y de las castas, y del esfuerzo desesperado de los oprimidos por liberarse del Imperialismo del Dinero. La civilización muestra su verdadera cara cuando le tocan sus intereses: el derecho de la fuerza, que se mantiene con el terror. “Los árabes dicen: Estaba escrito (yo no lo creo). Así fue en realidad. Las democracias que ya habían sacrificado antes Abisinia, más tarde Austria, y Checoslovaquia dejaron que fuese asesinada una joven e inexperta República. Ella había osado escribir en la nueva Constitución (artículo 3)…” La reacción de los vendedores de sueños, de fábulas orientales, de ciencia ficción popular, fue inmediata. ¿Qué pretendía este Gobierno, hacerles trabajar la tierra, o en las fábricas? ¡Trabajo! Un vocablo para ellos desconocido. Los cerebros vaticanistas, inventaron como ya hicieron sus antepasados la denominación de Cruzada. La cruz y la Espada se aliaron. Hay que saber que el término Cruzada sirvió inmediatamente como polo de atracción de las discusiones que la sublevación provocó en medio mundo occidental. Durante los años 1936-37, varias de las mejores cabezas de la intelligentsia católica europea, (Mounier, Maritain, Don Sturzo), se pronunciaron contra aquello, insistiendo en que la de España era realmente una guerra social, y no una guerra religiosa. No podía ser tal, alegaba el segundo, matar pobres, poner a  los combatientes musulmanes imágenes del Sagrado Corazón para que maten santamente hijos de cristianos, y pretender alistar a Dios en las pasiones de una lucha en la que el adversario es considerado indigno de todo respeto  y de toda piedad (…) fusilar, como en Badajoz, centenares de hombres festejando la Asunción, o arrasar bajo las bombas de la aviación como en Durango (…) como en Gernika, una villa entera con sus iglesias y sus tabernáculos, segando con las ametralladoras a la pobre gente que huía. Su comportamiento fue un -desafuero bendito-. Para la Iglesia y sus cabezas más visibles, la violencia ejercida en el territorio controlado por los insurgentes era justa, necesaria y obligada. Fue una alianza entre la Espada y la Cruz. Los poderes del clericalismo estuvieron siempre junto a los poderes del sable. La Iglesia bendijo el golpe militar (aún no ha perdido perdón)  y lo apoyó. Ella no apaciguó, sino que echó más bien leña al fuego. No hizo el menor gesto (en la posguerra) para detener el derramamiento de sangre, ni aceptó la amnistía, ni formuló propuestas reconciliadoras. Silencio total. Cuando el 16 de abril de 1939, Pío XII enviaba a Franco “nuestra fraternal congratulación por la victoria, en contra de los “prosélitos del ateísmo materialista”, él daba el “nihil obstat” (su aprobación). Un capellán jesuita que asiste a los fusilamientos, escribe en su diario… “Es consolador ver como mueren muchos… Todos se confiesan y algunas de las muertes han sido edificantes y sobremanera consoladoras…” (Para mí, edificar es construir, crear, todo lo contrario de matar, de destruir). Los capellanes de las prisiones eran el vehículo de propaganda de la dictadura. Cuando los condenados se negaban a confesarse el guardia la emprendía a porrazos en presencia del cura. ¡Era la danza medieval de la Muerte!  Feliz el condenado, dice el capellán general de las prisiones franquistas, pues sólo él, es el que sabe cuándo va a morir”. Franco fue proclamado por el Papa Pío XII, Caballero de la Milicia de Cristo.

¡MATA, QUE DIOS PERDONA!   

Antonio Íbero Layetano
(alias el Bicho raro)

Continuará…