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EL ARTE DE ALZARSE DE ALZARSE CON LOS PECES

La orden de su padre era simple, y no admitía réplicas, como siempre. “APRENDERÁS A PESCAR”.

Se sabe que él no era un rebelde. Puede ser que quisiera ocupar su tiempo en otros menesteres, que fuese indolente. O tonto.

No aprendió.

Acosado por el hambre decidió pedirle pescado a su padre, el sabio pescador.

—Los inadaptados debemos desarrollar la virtud de la paciencia —se dijo al no obtener respuesta. Y continuó rogando.

Hasta que su padre le entregó una serpiente. Él se sentó en el muelle a devorarla.

Pero la carne de víbora lo intoxicó. Perdió la conciencia, resbaló al mar.

Murió ahogado.

Sus hermanos pescadores atraparon el cuerpo con las redes. Lo abrieron de punta a punta, lo embalaron, lo enviaron al mercado junto al resto de la pesca.

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LLUVIA PERSISTENTE SOBRE UNA COMUNIDAD VULNERABLE

Azorados, lo vimos saltar, cada vez más alto, hasta que quedó prendido del cielo.

—Mirá, mami, el mar está arriba —repetía, alegre en su inocencia, la preciosa nena del 3º B.

Cuando comenzábamos a olvidar tamaña extravagancia, él decidió precipitarse en forma de goterones verdes y salados.

En las plantas de los balcones florecieron hipocampos, langostinos y medusas; y tanto de los pisos como de los muebles no se quitaba el polvo sino la arena. Un pulpo, cabeza gigantesca, tentáculos pringosos, señoreaba por los palieres; con voz ruin exigía el pago de unas expensas absurdamente costosas. El administrador del edificio, inquilino del 9º C, un flaco con más pinta de hombre de letras que de números, había desaparecido —y en estos últimos días supimos que teníamos razón al temer por su suerte—.

Las casas vecinas, la escuela que hace esquina con Entre Ríos y el kiosco de la esquina opuesta, los vendedores ambulantes, el director de tránsito, los colectivos, los autos, la calle, todo se borró tras esta cortina de agua verde cuya omnipresencia ahora también apaga los ruidos. Desconocemos qué destino le dio a su capital mal habido aquel despreciable secuaz del mar. La luz declina. No escampa.

PATRICIA NASELLO (Córdoba, Argentina, 28 de septiembre de l959)