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(Crónica de un viaje a Asturias y Galicia, mayo de 2018)

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Desde La Coruña hasta Oviedo, 21 de mayo

La Coruña amanece bajo un cielo rosado de nubes deshilachadas. Vuelven a cobrar su color apagado el puerto industrial y el tejado gris azul del multicine. Y lo que veo es un espectáculo espeluznante. Hay un grupo de gaviotas alrededor de la que murió ayer: al principio parece casi una ceremonia fúnebre, pero no lo es. O quizás sí. La más atrevida tira del ala la gaviota muerta con su pico, intentando moverla. Lo consigue. Las demás asisten sin intervenir. Luego, la gaviota atrevida empieza a picotear al animal muerto, con golpes cada vez más fuertes. Las demás se acercan y, en un ritual macabro de canibalismo, empiezan ellas también a picar.
Me alejo de la ventana: no puedo más con esa escena que no logro comprender.
Y además, ya es la hora de dejar el hotel, la ciudad y lo que queda de la gaviota que se equivocó.
A pesar de que estemos de vacaciones, hay algo en el aire que me recuerda que hoy es lunes, y que otra etapa de nuestro viaje ha quedado atrás: cerrar la maleta, devolver la llave, pagar el hotel y el aparcamiento, recoger el coche. Gestos normales y corrientes, que cada vez se repiten, dejando atrás otra página de nuestras vidas.

La primera etapa de hoy es CEDEIRA, un pueblo muy lindo caracterizado por las típicas casas gallegas con galerías, situado en la desembocadura del río Condomiñas. Damos un rápido paseo hacia el puerto, acompañados por los pavos y los cisnes del río, luego subimos hasta una plazoleta con mirador, llena de flores de color granate y púrpura enclavados en fachadas blancas.


A pesar de que el día no está perfectamente despejado, el paisaje desde el MIRADOR CHAO DO MONTE es sobrecogedor y ya podemos atisbar la Ermita de san Andrés adonde nos estamos dirigiendo. En el Mirador de los CARRIS, en cambio, podemos gozar del peculiar espectáculo de una vaca mirando el mar.

Hay que ser un poco exagerados para llamar “pueblo” a San Andrés de TEIXIDO, porque hasta el nombre de “aldea” sería demasiado: en realidad son poco más que cuatro casas, pero tiene su encanto particular por el que merece la pena dedicarle una visita y además, hay un comedor donde se come muy bien. La pequeña ermita es meta tradicional de peregrinajes: hay un dicho popular gallego que dice que a San Andrés de Teixido tiene que ir de muerto el que no fue de vivo y, lo que es peor, reencarnado en el cuerpo de un lagarto o un sapo. Evitado el riesgo de reencarnarme en un reptil, puedo dedicarme a comprar algunos recuerdos para mis amigas: hay unos artesanos que se dedican a realizar con miga de pan una serie de amuletos de la suerte, que se dice ayudan en la salud, el amor, el trabajo y los viajes.


Seguimos por la Ruta de los Miradores, donde encontramos el MIRADOR DO O CRUCEIRO, caracterizado por un crucifijo que remonta a la Edad Media, y el MIRADOR GARITA DE HERBEIRA que, con sus 612 metros es el más alto de de la costa.

Merece la pena cruzar el promontorio y recorrer unos tres kilómetros de camino de tierra para llegar hasta el MIRADOIRO DA MIRANDA: no solo porque durante el camino encontramos tres caballos salvajes, que lamentablemente no logramos fotografiar, sino también porque al llegar se nos ofrece la vista de la totalidad de la Ría de Ortiguera, con el pueblo de Cariño (un nombre de lo más encantador).
CUENTAPASOS 9297, que corresponden a 5,58 kilómetros (es una verdadera vergüenza, pero es que hoy hemos viajado mucho en coche…)


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Silvia Zanetto

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Opere dell’Autore:

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Sandrino e lo gnomo

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L’alpino sulla riva del mare

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Ma Francesco dov’è?