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La primera vez fue complicado. Estaba sentada en medio de la fila, al lado de un señor que se conocía cada nota y que si respiraba un poco más de la cuenta me mandaba a callar. Yo, con mis once años, estaba aterrorizada pensando que tenía que estar cuatro horas ahí sentada. Recuerdo que me quedé mirando a la chica que nos acompañó hasta el asiento, llevaba una túnica negra con un medallón enorme y sonreía amablemente a todo el que se le acercara. Pensé que me hubiera gustado hacer su mismo trabajo de mayor para poder estar todos los días en ese lugar maravilloso, lleno de historia y con una acústica que el mundo nos envidia.


En un momento, me quedé atrapada: los músicos afinando sus intrumentos, el decorado, la escenografía, el terciopelo granate de las butacas. Cuando se apagó la luz y subió el telón, me dieron escalofríos de repente.
La primera vez fue con “Guillermo Tell”, de Gioacchino Rossini. Una obra de larga duración, difícil, en francés, que puso a prueba mi concentración pero despertó una pasión que sigue viva: la pasión por la ópera.
Después de aquel día, pude asisitir a más actuaciones: “La Bohème”, “Turandot”, “El flauto mágico”, “Madame Butterfly”, “La Traviata” y todavía no he parado. Voy al teatro cada vez que puedo.


Es inevitable notar que los jóvenes no se acercan a la ópera, pero creo que la educación escolar tiene un papel muy importante a la hora de inculcar el respeto y el amor por un género tan completo. Una novedad que se viene utilizando cada vez más y que ha podido acercar este género musical a un público más diverso es el uso de sobretítulos.
La incorporación de esta herramienta tecnológica ha tenido tal impacto que ha modificado los usos interpretativos y, como consecuencia, las expectativas del público.
Os invito a leer un artículo sobre este tema que publica Rocío de Frutos (profesora del área de Música de la Universidad de Sevilla, Titulada Superior de Canto y concertista) en la revista científica de estudios sobre cultura y medios Comunicación 21.
En al artículo se enumera una serie de argumentos a favor del uso de sobretítulos, entre ellos el mayor, el incremento de público atraído por la mayor facilidad de la comprensión de la obra y de su comunicación con el público. Otro argumento a favor de los sobretítulos es el hecho de que la comprensión del argumento permita la ampliación del repertorio operístico habitualmente representado que muchas veces carece de originalidad.
En cambio, también hay argumentos en contra del uso de subtítulos, entre ellos el hecho de que, someten al texto traducido a una condensación y simplificación que lo empobrece notablemente. Afortunadamente, los sobretítulos frecuentemente traducen óperas originalmente en francés o italiano, lenguas que no presentan tanta disparidad con el español en ese aspecto.
Yo soy partidaria de que, para sobrevivir, la ópera necesita abrirse a un público de lo más colorido, a un público joven, que la aprecie, la trate con esmero y la cuide porque difunde y tocas los temas universales del hombre.
¿Vosotros qué pensaís al respecto? ¿Sois melómanos o no os gusta para nada la ópera? ¿Creeis que sobrevivirá al paso de los tiempos o se extinguirá dentro de unas décadas?


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Laura Pollachini García

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