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LA SIBILA

Siempre insistió en que era una sibila, nosotros nos reíamos de esa ocurrencia. Decíamos que era una loca que se había escapado de algún desierto mental para internarse en la vorágine de los otros. Era motivo de nuestrasnconversaciones, bromas y hasta desafíos. Un día se acercó, silenciosa, posiblemente hastiada de escucharnos murmurar sobre su imposible calidad de ser legendario. Nos miró directamente a los ojos, a cada uno de nosotros al mismo tiempo —aunque usted lo crea imposible—, y pronunció con una voz opaca, neutra, la advertencia:
—Yo sé algo de ti y puedo contarlo.
Esas palabras sonaron implacables, seguras, certeras, y bastaron para bajarnos los ím petus de lastimarla con algunas frases hirientes. Nos llenamos de temor y nos fuimos retirando poco a poco. Desistimos de nuestras burlas
nos volvimos discretos. Quizá sí era una dibila, mejor no arriesgarnos, ya se sabe que todos guardamos un oscuro y turbio secreto.

AL OÍDO

Te voy a contar un cuento, dice. En él cabe toda nuestra historia, acota. Voy a resumirla, sin preámbulos, sin nudos, sin desvíos, afirma. La puedes escuchar de pie o apoyando la cabeza sobre la pared como cuando deseas la proximidad de alguna esperanza, sugiere. O tal vez prefieras cerrar los ojos e imaginarla a tu modo, como siempre.
—Ya, cuéntala.
Se acerca a mi oído y resume nuestra vida en una palabra: ficción, mientras sus labios se alejan.

CECILIA EUDAVE (Guadalajara, 1968). Los micros escogidos pertenencen al libro “Microcolapsos”, editorial Eolas, 2019.