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LA VIEJA OLIVETTI

—La máquina de escribir no —suplicó, aferrándose a una carcasa de plástico gris con un asa descolorida. En su interior habitaba una vieja Olivetti como un caracol ocupando su concha.

No poseía electrodomésticos, apenas muebles, tan solo una mesa, una silla y un viejo jergón, pero sería lo último que lograran despojarle de su máquina de escribir.

—Pero señor, si no tiene ni papel donde escribir, ¿para qué la quiere? —le repuso el operario.

—Llévese la silla si quiere, pero la máquina ni hablar —insistió, asiéndola sobre su pecho como si fuera un escudo.

Se llevaron la silla, y dejaron la casa en penumbra y en silencio, desprovista de sus entrañas. Con las manos temblorosas depositó la máquina sobre la mesa con sumo cuidado y apretó la pestaña que dejaba escapar la máquina de su protección. Los ojos se le iluminaron. Se sentó en el suelo, y miró a su alrededor.

Dicen que encontraron la casa con una mesa, un jergón, una carcasa de máquina de escribir, y una novela completa escrita en papel arrancado de las paredes.

(Ganador del I Premio de la Asociación Cultural Emilio Carrere)

LA NOVIA

El día antes de cumplir los treinta, compró un anillo de boda de segunda mano. “Alfonso 22/10/1953”. Se sintió afortunada. Siempre había querido casarse en otoño.

 

RAQUEL FERNÁNDEZ ALCALÁ (Madrid, 1978)