El perchero literario: Zalacain

Debe su nombre a la novela que Pío Baroja publicó en 1908. 

Sobre estas letras, en foto subrepticia, álzase Zalacaín. Restaurante donde el buen comer estaba siempre presente, con debates  y charlas de sobremesa incluidas. Ha cerrado. Desaparecerá. Una pena, pero parece una constante en todo lo relacionado con la cultura; un desafortunado camino hacia la desaparición.

Es importante recordar, por tanto, que Zalacaín es algo más que un restaurante que cierra. Evoca al gran novelista. También, desafortunadamente, más olvidado que recordado. Y a su entorno familiar, siempre artístico, donde también destaca Julio Caro Baroja  y sus estudios tanto antropológicos como sociales del pueblo vasco (Los vascos, El laberinto vasco etc.), amén de su intervención en producciones cinematográficas como guionista en dos documentales muy considerables de la cultura norteña: Gipuzkoa y  Navarra, las cuatro estaciones (ambos dirigidos por Pío Caro Baroja).

Remontándonos en el tiempo, hallamos una temprana participación de Ricardo Baroja en la destacada película del cine mudo español El sexto sentido (1929), además de una breve aparición de Pío en la versión cinematográfica de Zalacaín el aventurero (1955) dirigida por Juan de Orduña. Desgraciadamente, su anterior versión de 1928, donde Ricardo participaba como actor, está perdida sin ninguna copia recuperada.

Entristece pensar que estos referentes culturales tan  importantes van desapareciendo de nuestra cultura con demasiada facilidad. Si en Estados Unidos un novelista hubiera creado Zalacaín, ya llevaríamos varias adaptaciones cinematográficas. Cierra Zalacaín, pero no perece con él nuestro grato recuerdo del clan Baroja. 

Javier Landa, David Baró