El microrrelato de los viernes: Un relato breve de Niños


VINIERON DE DENTRO DE

LA PRIMERA VEZ QUE LAS ESCUCHÉ pensé que estaba soñando. Eran las cinco de la mañana y ni Marta ni yo estábamos despiertos para lanzar aquellas carcajadas.

Han estado interrumpiendo mi descanso las tres últimas noches. Y cada vez a la misma hora El proceso es siempre igual: empiezo a escucharlas en sueños y mi vuelta a la vigilia coincide con el final de las risas. Sé que no me las imagino porque esas últimas carcajadas suenan en la habitación En la realidad. No en mi cerebro. Sé que estoy despierto y que en ese momento yo no estoy riendo.

Al principio, supuse que era mi mujer. Aunque suele hablar, incluso discutir en voz alta mientras duerme, nunca la he oído reír. Ayer, después de que las risas me desvelaran, la vigilé durante un rato, pero no volvieron.

También pensé qlue podrían provenir dneuelastrcaasya does los vecinos. Su habitación es contigua a la nuestra y los tabiques son muy delgados. Pero suenan demasiado cerca.Suenan en nuestra cama.

He pasado el día obsesionado por descubrir su origen. y la única explicación que se me ocurre, desechadas las más lógicas, me parece ridícula: a lo mejor es nuestro hijo. Mi mujer está embarazada de ocho meses y medio. A falta de pocas semanas para el parto, es evidente que el bebé está formado y gasta su tiempo en engordar. Si ya está acabado de hacer, ¿puede reír? Y, sobre todo, y esto todavía me inquieta más, ¿de qué se reirá ahí adentro?

Sé que podría preguntarle a mi mujer: ha leído más libros que yo sobre embarazos y partos, pero no me atrevo. Me tomaría por loco. O algo peor. Mi madre y mi suegra están descartadas, por la misma razón.

Reviso varios de esos libros. Mi mujer me observa desde su lado del sofá y sonríe, equivocada. En ellos se describen los diversos movimientos de los bebés en el vientre materno, su capacidad para soñar, sus reacciones a los sonidos externos… pero no dicen nada acerca de si estos pueden producir sonidos. Y menos aún, risas.

He buscado en Google («risa» + «bebé» + «vientre materno»), pero no he encontrado referencia sensata alguna. Eso sí, hay blogs y chats en los que muchas madres afirman haber oído llorar a su bebé en su vientre. No me lo creo: además de sonar a rollo místico, no aportan dato científico alguno. Pensándolo bien, no hay que ser muy avispado para saber que los bebés no respiran aire, sumergidos como están en el líquido amniótico. Y si no respiran, no pueden producir sonidos. Por tanto, y ello me tranquiliza, tampoco podrán reír.

Pese a todo, he pasado la noche en vela esperando que fueran las cinco. Sé que es absurdo, pero tengo que descubrir como sea el origen de esas risas.

Llegan con toda puntualidad. Rápidamente, y sintiéndome ridículo de antemano, apoyo con delicadeza mi oreja derecha sobre el hinchado vientre de mi mujer: no quiero que se despierte y me pille en tan extraña posición. La última carcajada resuena imposible en mis oídos.

DAVID ROAS (Barcelona, 1965). El relato seleccionado pertenece al libro Niños, Páginas de Espuma, 2022.