
David Baró, escritor madrileño nacido en 1976, es autor de un par de recopilaciones de cuentos (La última fiesta, Sial, 2013 y El sótano, Almuzara, 2022), de una novela (El caso De la Hoz, Calambur, 2025) y de ocho poemarios, publicados entre 2011 y 2023, más uno aparecido bajo pseudónimo en 2006.
Me centraré hoy en su poesía, que, en mi modesta opinión, se encuentra entre lo más granado de la actual lírica en lengua española. Y no por otra cosa sino porque se trata de poesía de verdad. ¿Qué quiere decir esto? Poesía donde existe al menos un ritmo (a veces llegando a conformar un estrofa), un lenguaje poético connotativo y una expresión que busca la sublimación de las percepciones humanas. Perdóneseme el intento de definición, pero por algún sitio hay que empezar, sobre todo si observamos el panorama de la actual poesía en español, la cual muy bien podría tratarse, en tantísimas ocasiones, de trozos de prosa dispuestos aleatoriamente en forma de versos, con un contenido anodino, por otra parte.
Enumero aquí la obra poética de David Baró que ha visto la luz (me consta la existencia de un número aún mayor de poemarios inéditos a día de hoy, 3 de junio de 2026):
Bajo el influjo de la absenta, Verbo Azul, 2006 (publicado con pseudónimo)
Fábula del aire, Círculo Rojo, 2011
Archipiélago soneto, Círculo Rojo, 2012
Suite nocturna, Vitruvio, 2014
Tratado de la melancolía, Vitruvio, 2015
Los senderos del camino, Vitruvio, 2017
Retratos, Calambur, 2021
Voces espirituales, Ediciones Fe Adulta, 2022
Idololatricum, Calambur, 2023
David Baró, aparte de escribir poesía de verdad, lo hace siendo consciente de la tradición en la que se inserta. Porque la literatura no es otra cosa que un río (así lo veía el profesor Rodríguez Adrados), con sus fuentes, su discurrir de siglos, su accidentado camino, sus distintos afluentes y su desembocadura. David Baró sabe que pertenece a la lírica española contemporánea, esa que nace en Rubén Darío, alcanza su culminación en la poesía de Juan Ramón Jiménez y en la del Grupo del 27 y continúa a buen nivel con la Generación del 50 y los Novísimos.
En sus momentos más sublimes, la poesía española contemporánea (y también la de los Siglos de Oro) tenía en la metáfora y en la imagen poética su marca de agua indeleble. De ahí la búsqueda de David Baró en este sentido: su manejo de la metáfora es exquisito, sin que sea posible en toda su producción encontrar una que no revele conexiones sorprendentes, novedosas y estimulantes, como debe ser en toda metáfora que se precie.
Su voz poética, además, es fácilmente reconocible, a pesar de la natural evolución de su expresión literaria: se trata, en mi opinión, de una voz que clama en el desierto en busca de un alivio que parece no llegar, combinada con un profundo tono reflexivo. El verso puede ser una sierpe que se revuelve contra el mundo, señalando injusticias cotidianas, deseos no cumplidos, ansia de eternidad que solamente a través de Dios podrá hallar consuelo y verdad. Pero también su verso puede ser juguetón y risueño, como demuestran multitud de sonetos y divertidas definiciones poéticas presentes en sus libros.
Busquen sin falta alguno de sus títulos en librerías o bibliotecas y gozarán de un poeta con todas sus letras. Empiecen, por ejemplo, por Retratos (¡espeluznante el poema en recuerdo a la llorada poetisa Carmen Jodra!), por Suite nocturna o por los fabulosos sonetos de Archipiélago soneto.
La poesía con mayúsculas sobrevive gracias a autores como David Baró.

Géneros y tópicos de la literatura grecolatina en la poesía española de vanguardia
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