
Malos tiempos para la lírica… medieval. ¿Quién lee literatura española medieval? Yo que ustedes no me la perdería, pues, como subraya mi amigo David Baró, es otra edad de oro de la literatura española, junto con los Siglos de Oro y la Edad de Plata.
Leer el Cantar de mio Cid o Poema de mio Cid (ambas denominaciones son correctas) es ver nacer la literatura española –dicho con permiso de las jarchas, que son los verdaderos primeros textos literarios en español o protoespañol–. Pero también entender lo que somos los españoles. Y aquí quizá alguien, a juzgar también por el título de este artículo, se espera una alabanza de los valores de conquista, valor y fuerza que tal vez hayan caracterizado a los españoles en algún caso o momento de la historia, como el franquismo no dejó de repetir machaconamente durante décadas. Pero no van por ahí mis tiros.
En el Cantar de mio Cid se observa una característica de los españoles, a mi modo de ver, inalienable: el español difícilmente acepta una injusticia y enseguida pone el grito en el cielo ante una irregularidad, llamando en causa a los valedores de la ley o del orden para que pongan remedio. Quizá también aquí alguien frunza el ceño (u otra parte femenina del cuerpo, como en la célebre y desafortunada errata de cierta novela de Blasco Ibáñez): ¿pero no es España un país sumido en la corrupción, en el amiguismo y en el clientelismo? ¿No nos levantamos cada día con un nuevo caso de irregularidades y tráfico de influencias, a juzgar por lo que escuchamos en la radio o leemos en el periódico o vemos en el telediario o nos llega a través de un tuit mil veces retuiteado y viral? Pues esa es la clave: que todo esto al final se sabe y se destapa. No se acepta. Y, al fin y al cabo, son casos aislados, cuatro gatos (o cuarenta), pero no la sociedad española en su conjunto, ni siquiera en su mayoría. Ni siquiera en una pequeña parte. No. Los españoles no toleran ni siquiera que se salte una cola. El carácter español está atento al bienestar del prójimo. Se hace sitio para que entre más gente en el autobús. Se deja pasar en la caja del supermercado a una persona que solo ha comprado un producto, sin necesidad de que esa persona lo solicite. Se evita la afrenta o la injusticia antes de que sucedan. No den por descontado todos estos pequeños detalles, porque no en todo el mundo es así. Lo sé porque vivo desde hace años fuera de España y me consta.
Volviendo al Cid. Don Rodrigo Díaz de Vivar, ante la afrenta sufrida por sus hijas a manos de sus esposos, los infantes de Carrión, no busca venganza rápida, personal y sangrienta, al margen de las instituciones, cosa que bien podría haber hecho. No. Busca el resarcimiento legal. Le pide a Alfonso VI que convoque Cortes básicamente para que los infantes sean juzgados y castigados en función de la afrenta cometida. No se tolera la infamia, pero no se busca venganza. Se entroniza el imperio de la ley frente al salvajismo. Lección de vida y de historia.

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