El microrrelato de los viernes: Ramón Gómez de la Serna

gomez de la serna

INVENCIÓN DEL CARNAVAL

En aquel primer Carnaval del mundo, cuando aún no existían más seres humanos que los que componían la primera pareja, Adán sintió ganas de disfrazarse para dar broma a Eva, y tomando un pámpano, le abrió los dos agujeros de los ojos y lo convirtió en careta. Después envolvió su cuerpo en grandes hojas de tabaco y de esa guisa se dirigió a Eva.

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El microrrelato de los viernes: Los sueños


“Daría mis riquezas a cambio de poder dormir bien todas las noches”, dijo el opulento comerciante Huan, que padecía de insomnio. “Y yo –contestó el mendigo Sung– preferiría ser rico a tener que soportarlo todas las noches”.
RODOLFO MONDERN

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El microrrelato de los viernes: Dos breves de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

EL PUÑAL

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Juan Carlos Onetti


LOS BESOS

Los había conocido y extrañado de su madre. Besaba en las dos mejillas o en la mano a toda mujer indiferente que le presentaran, …

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de Elena Poniatowska


LA IDENTIDAD

Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Beernes


MATRIMONIO

Voy a la cocina y veo a mi mujer preparando con mimo un bizcocho. No la quiero molestar y me voy al salón. Allí está mi mujer, sentada en el sofá, arropada con su manta y viendo una teleserie.

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de El niño que comía lana


EL CAJÓN EN EL QUE HABITA MI MADRE

El primer cajón de la cómoda, en el que habita mi madre, tiene un agujerito que conecta con el cajón de la ropa interior de mi tía, olorosa a lavanda, que está justo debajo y que es donde, envuelto entre la ropa interior, guarda el revólver con el que la mató,

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Hipólito G. Navarro


HOSTAL EN LA CIUDAD VIEJA

Sobre la mesilla, junto al despertador, reposa un libro de titulo curioso: Guía de edificios apuntalados de interés. En la página 37 tiene disimulada una errata: donde dice «Caso antiguo», debería decir «Casco antiguo».
El turista sueña toda la noche con paredes que encima se le caen, sin poderlo remediar. Se trata de una pesadilla con errata o clave camuflada: además del sueño de un turista, es un sueño futurista.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de estación intemperie


HORA INESPERADA

Llueve. Descanso en la cama con la ventana abierta. Cuatro o cinco buitres irrumpen en la habitación. Están llenos de lluvia.

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El microrrelato de los viernes: Dos cuentos breves de Ana María Shua


EL ENGAÑO

Dice Sun Tzu que todo el arte de la guerra se basa en el engaño. Y el escalón supremo es someter al enemigo sin luchar. El engaño conduce a la sorpresa y la sorpresa conduce a la victoria. Quien no sea capaz de engañar y por lo tanto sorprender, nunca logrará sobresalir en el arte de la guerra, de la escritura.

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