El accidente

El “accidente” ocurrió justo en la tarde en la que decidimos casarnos.
Ibamos caminando despacio, cogidos de la mano, los ojos bajos como si buscáramos las palabras en la acera, un nudo de inquietud y de felicidad todavía incapaz de explotar en gestos y alegrías.
Al final, nos sentamos a una mesilla en la terraza de un bar.
Y ella apareció: dos piernas largas sobre zapatos de tacón alto, vestido negro muy ajustado, cabello arreglado por un buen peluquero, maquillaje perfecto.

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