El microrrelato de los viernes: Dos micros de solo una bala


TERCERA EDAD

Amanece, las barcas se tambalean en tierra y sobre ellas descansan los amantes. Las damas intentan subirse la faja, los caballeros no pararían nunca, si pudieran. Sólo se oyen gemidos y un tractor que alisa la arena, roba un sujetador que deposita sobre la boya.

Cuando llegan los primeros bañistas, tienen que serpentear entre bastones y prótesis.

A lo lejos una dentadura postiza, como un animal lujurioso, sonríe desde la playa.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de solo una bala


TERCERA EDAD

Amanece, las barcas se tambalean en tierra y sobre ellas descansan los amantes. Las damas intentan subirse la faja, los caballeros no pararían nunca, si pudieran. Sólo se oyen gemidos y un tractor que alisa la arena, roba un sujetador que deposita sobre la boya.

Cuando llegan los primeros bañistas, tienen que serpentear entre bastones y prótesis.

A lo lejos una dentadura postiza, como un animal lujurioso, sonríe desde la playa.

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