El microrrelato de los viernes: Dos micros de Pablo Marín Escudero

EL CÓNDOR PASA

Una corriente de aire tornadiza impidió su caída a punta de rifle y lo dejó en la estratosfera congelado. Veinte años después de que aquellos soldados entrasen en su casa y lo lanzasen al mar desde un avión, su cuerpo vivo descendió del ozono y tomó tierra sobre el festival letárgico de Viña del Mar, mansamente. La gravedad lo depositó en incómodo claroscuro, demediado por el maldito escalón pactante entre foso y escenario.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Pablo Marín Escudero

EL CÓNDOR PASA

Una corriente de aire tornadiza impidió su caída a punta de rifle y lo dejó en la estratosfera congelado. Veinte años después de que aquellos soldados entrasen en su casa y lo lanzasen al mar desde un avión, su cuerpo vivo descendió del ozono y tomó tierra sobre el festival letárgico de Viña del Mar, mansamente. La gravedad lo depositó en incómodo claroscuro, demediado por el maldito escalón pactante entre foso y escenario.

Volvió a casa. Tenía moratones infligidos por decentes oficinistas y milicos venidos a tenderos de bien.

– María, esta mañana me torturaron.

Ella lo silenció: Te perdono.

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