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HUÍDA DE CENICIENTA

Ya sola, en casa, Cenicienta comprende que no llegará al baile si cumple las tareas que le han encomendado. No está segura de tener hada madrina, así que corta el bajo raído de su falda, descubriendo las piernas. Con las cortinas que tapan la vista del camino, improvisa una capa. Dejará suelto el pelo, no hay tiempo para tirabuzones. Se calza unos botines, y parte hacia el palacio más rápida que si fuese en carroza de cristal.

Al verla llegar, el baile se detiene por un momento ante la belleza de su determinación. El príncipe se propone buscarla, pero no logra librarse de los compromisos. Ella, en el salón, baila para si misma.

Nunca volverá a casa. Y lo del príncipe y el baile acaba por parecerle un cuento.

JARDÍN

“No llego”, gime la dama de noche(2) alrededor del pino. El olor de sus flores estremece la oscuridad. Inconsolable y húmedo crece el deseo en los pétalos abiertos. Hasta levantar un viento fogoso que roza la copa. Hasta vibrar en las hojas lanceoladas del árbol. Hasta tensarlas, sacudir el tronco erguido, desprender las agujas y hacerlas caer atravesando los delicados cuerpos blancos, que mueren de placer en la hierba.

(2) Dama de noche: Enredadera tipo madreselva. Sus flores se abren y liberan un intenso aroma cuando acaba el día

ISABEL CIENFUEGOS (Madrid, España). Ha publicado en antologías como “Por favor sea breve” (Páginas de Espuma) y el libro de relatos “Mañana los amores serán rocas” (Cuadernos del Vigía)

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