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INSTRUCCIONES PARA DAR UNA CARICIA. MANUAL DE RECURSOS HUMANOS. PÁGINA VEINTIDÓS

Localice al sujeto destinatario de la caricia. (Ejemplo: la secretaria de dirección).
Llámela a su despacho con una excusa creíble. (Ejemplo: la cena de Navidad de la empresa).
Comience por elogiar algo de su aspecto. (Ejemplo: “te veo más delgada”).
Si ambas son mujeres, haga un comentario cómplice. (Ejemplo: “yo también tengo esa chaqueta”).
Déjela hablar libremente. (Sin ejemplo).
Saque del cajón la carta de despido. Entréguesela.
Llegados a este punto estire sus manos y sujete las de ella. No ejerza demasiada presión. (Ejemplo: como sosteniendo una mascota).
Deslice su mano suavemente sobre el dorso de la suya.
Sonría.

ATRAPADOS

¿En qué momento de la educación de su niña habían empezado a equivocarse?
¿Habré cerrado la llave del gas?
Aunque me llame, no pienso perdonarlo. O sí. Tal vez.
¿Es que nunca van a dejar el baño libre?
¿Debería instalar Windows 10?
El lunes vuelvo al gimnasio.
¿Pero… qué es ese ruido?

Los pensamientos de los pasajeros del vuelo 2215 son pensamientos comunes. Triviales. Los mismos que tendríamos usted y yo. Lo que los hace especiales es su movimiento. Resulta fascinante verlos agitarse, nerviosos e inquietos dentro de la caja negra, mientras se preguntan qué ha pasado, dónde se encuentran y por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar.

LAS MUSAS

No había visto llorar a mi madre hasta el día en que mi padre murió. Hay algo antinatural y sobrecogedor en el llanto de una madre. Uno no sabe cómo consolarla.
Papá murió un lunes de madrugada. Estiró su mano y agarró la de mi madre tan fuerte que le rompió los veintisiete huesos de su mano. Si le preguntas a mi madre cuál es el sonido de la muerte, te dirá que es muy semejante a un estallido de pajas secas. Ella, como pudo, se liberó de la mano inerte de mi padre. Luego se levantó, se aseó y se vistió de luto riguroso. A mi padre lo velaron en la biblioteca, rodeado de toda su obra: doce novelas, un libro de cuentos y tres ensayos.
Anochecía cuando llegaron ellas. Altas, hermosas y sutilmente transparentes. Así las recuerdo. La mayor de todas se acercó a darnos el pésame. Mamá, que llevaba toda la vida esperando este momento, levantó su mano sana y le dio un bofetón. “Ahora es solo mío”, dijo. Las musas, respetuosas, retrocedieron en silencio. De repente, sus ojos dorados se fijaron unánimemente en mí. Sentí sus voces susurrantes. La menor de todas se me acercó y me miró fijamente a los ojos.
Fue en ese momento cuando mi madre, totalmente vencida, rompió a llorar.

ARANTZA PORTABALES (Santomé, 1973). El primer micro pertenece al libro “A celeste la compré en un ratrillo”, Editorial Zaera Silvar. Bulubú, 2015. “Atrapados” fue finalista mensual del Concurso de Cadena Ser, Relatos en cadena, y “Las Musas” fue el microrrelato ganador del Concurso de la Microbiblioteca de Barberà de Valles, 2017.