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¿Por qué esta sección?

La lengua española, y cualquier lengua, vive sobre todo a través de sus hablantes. Y esos hablantes, ¿de qué se nutren? En las sociedades contemporáneas es evidente el papel que desempeñan los medios de comunciación de masas en la vida diarias de toda persona: es casi imposible escapar a la influencia que estos ejercen, ya sea a través de los medios tradicionales (radio, televisión, periódicos, revistas…), ya sea a través del nuevo ecosistema digital. En todo caso, el contacto con la lengua presente en los medios de comunicación no puede menos que dejar una huella, a su vez, en la lengua de sus destinatarios: todos nosotros. De ahí el papel de absoluta relevancia que los medios ostentan en la difusión de usos lingüísticos, verdaderamente no siempre acertados.

Y precisamente a raíz de esto nace la presente sección, que tiene el ánimo de señalar errores cotidianos que percibimos en los medios de comunciación españoles y que, de un modo u otro, revierten en la difusión de una lengua que difícilmente podemos considerar ejemplar, más bien todo lo contrario: el contraejemplo de lo que la lengua española debe ser.

Por ello, ante la cada vez más frecuente presencia de dislates lingüísticos de todo tipo en los medios de comunicación de España, pretendemos ejercer de modesto observatorio desde el que limpiar y dar esplendor a nuestra amada lengua. Ningún propósito sistemático subyace en nuestras elecciones. Simplemente escogeremos al azar alguno de los numerosos fallos que escuchamos y leemos cada día y trataremos de explicar en qué consiste el error, cómo se dice correctamente y, acaso, de qué otra manera podría decirse para lograr un resultado incluso más efectivo.

Andrés Ortega
David Baró