Recepción de La Regenta en su tiempo

La Regenta, novela de Leopoldo Alas “Clarín”, publicada en dos tomos —en 1884 y 1885—, ambientada en la imaginaria ciudad de Vetusta —trasunto de Oviedo—, es un prodigioso fresco de la sociedad provinciana española de finales del siglo XIX. 

A través de la historia de doña Ana Ozores y don Fermín de Pas, el Magistral, Clarín retrata un mundo de falsas apariencias y reprimidas pasiones, de pérfida ambición e hipocresía soterrada, donde nada ni nadie es lo que parece. 

Clarín es un anatomista social de primer orden. Nadie escapa al preciso y afilado ejercicio de su pluma: el clero, la aristocracia, la política… 

Respecto a la temática y a algunos aspectos técnicos tal vez, existen ciertos paralelismos con Madame Bovary, aunque con notables matices; rasgos de estilo y de enfoque propios de Clarín, quien aporta, además, elementos característicos de la idiosincrasia hispánica. 

La novela fue alabada, tras su publicación, por sus numerosas virtudes literarias —a pesar de las reticencias, resquemores y cuestionamientos que despertaba el novel autor, amén de ciertos anhelos de revancha diferida con los que algunas figuras literarias del momento esperaban su estreno como novelista; a la sazón, Clarín era un reconocido y feroz crítico literario, temido y odiado por igual— y criticada por su anticlericalismo y por la dudosa moralidad de algunos de sus episodios. 

Su poderoso estilo fue elogiado por Menéndez Pelayo. Igualmente por Pereda, que reconoce en el autor ovetense a “un novelista de empuje”. 

Mención aparte merecen las loas de Galdós, lector entusiasta de la obra, quien la calificó de admirable en su prólogo a la segunda edición, destacando sobremanera su humor y vena satírica —digna de Quevedo, dirá—. Algo “verdaderamente maravilloso y único”. 

Representaba para él la restauración (y acaso la actualización y consagración) del Naturalismo patrio en la mejor tradición literaria española, entroncando directamente con la picaresca, el mencionado Quevedo y nada menos que Cervantes. 

Años después, también la alabó Unamuno, en carta dirigida a Clarín, por su originalidad y frescura. 

De igual modo, la prensa recibió la obra con grandes alabanzas —”hiperbólicos elogios”, en palabras del autor—. 

Los ejemplares de la primera edición se agotaron en poco tiempo (Clarín cobró por su publicación once mil reales). 

Su inmediato éxito traspasó fronteras. La prensa francesa la elogió en gran medida y, así también, la revista italiana La nuova antologia

La obra no deja de ser una sátira social —de “malas costumbres”, en boca del autor—, aunque es mucho más que eso, sin duda. 

Probablemente, la mejor novela española tras el Quijote

 

David Baró