En su Ética a Eudemo, Aristóteles afirma que hay tres cosas que contribuyen a la felicidad: la virtud, la prudencia y el placer. Y a las tres califica de bienes. En correlación, según el filósofo de Estagira, hay tres tipos de vida, por ende: la vida política, la vida filosófica y la vida del placer. Así, la filosofía tendría que ver con la prudencia y la vida contemplativa (en busca de la verdad); la vida de la política se ocuparía del ejercicio de la virtud y la acciones nobles en pro del interés general (la degeneración de la misma es más que notable); y la vida del placer, del goce y los deleites corporales (según parece, ha venido a ser la dominante). La felicidad, por tanto, tendría que ver con una de estas tres vidas. Sin embargo, el exceso y desfiguración de las mismas es notorio. La búsqueda de la trascendencia en relación con la vida contemplativa sería, pues, el camino o vía que, presumiblemente, podría realizar este anhelo humano, finalidad a la que tiende toda naturaleza racional. En esto consistiría su culminación. Y ello nos llevaría a la causa de las causas (a lo inmanente, o lo trascendente, más bien) —de la que depende todo—, a lo que Spinoza llamó, con cierta peculiaridad (siguiendo una larga tradición, no obstante), Natura naturans o Naturaleza naturante (sustancia absoluta, infinita y eterna en sí y por sí), de la que derivaría, en buena lógica, la naturaleza naturada, extensión y atributo de la anterior. De esto se hablará, tal vez, en futuras digresiones.
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