
ROSTROPOVICH
Decía Rostropovich
que uno antes de tocar las Suites de Bach
debía pedir perdón.

ROSTROPOVICH
Decía Rostropovich
que uno antes de tocar las Suites de Bach
debía pedir perdón.

El día se iba hacia el atardecer.
El cielo, renombrado por su gris, se dejaba pintar de un inesperado rojo carmín. En la casa reinaba un silencio relajante.
Ana, para gozar de aquellos últimos rayos de sol, y para descansar un poco, se sentó en la silla de mimbre en un rincón del pequeño balcón. El aire era dulce. El sol había cruzado el puente e iba poco a poco desapareciendo detrás de los últimos edificios.
Impresa en su mente tenía la imagen de un puente… sí de un puente, pero de un puente de madera… y una cara… sí una cara de un fotógrafo guapo y encantador.
¿Cuántas veces vio aquella película?

LLORÉ
La vacía tarde de primavera en que descubrí mi antiguo cuaderno de viajes me llevó a evocar aromas, sonidos, gentes, lugares y paisajes de primaveras pasadas. Lo abrí. De entre sus páginas cayó una flor, y comencé a llorar.
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NIEBLA
La niebla llega
con pisadas de gato.
Se sienta silenciosa
para observar el puerto y la ciudad.
Después
se marcha.

CONFITERÍA RICHMOND
BUENOS AIRES, 1952
En agosto de 1952 cuatro clientes de la confitería Richmond dicen sentirse observados al usar el baño. En septiembre, un cocinero del local abandona el baño a causa de un horrible graznido que brota de los orinales. Luego, contrae glaucoma.
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FE
La incertidumbre también cabe
en el campo de la física:
una partícula puede estar
en dos lugares al mismo tiempo.
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SUEÑOS
El escenógrafo del sueño se cansa pronto y concluye su trabajo de cualquier manera.

HAY DOLENCIAS PEORES QUE LAS DOLENCIAS
Hay dolencias peores que las dolencias,
dolores que no duelen ni en el alma,
pero más dolorosos que los otros.

DRAMA DEL DESENCANTADO
…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.
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