
FE
La incertidumbre también cabe
en el campo de la física:
una partícula puede estar
en dos lugares al mismo tiempo.
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El microrrelato de los viernes: Tres micros de Alfonso Cost

SEGUIR EL HILO
Por suerte Ariadna, en el último momento, me dio su grueso ovillo de hilo que oculté convenientemente entre mis ropajes.
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Poemas Escogidos: Elsa Veiga

DE LA CASA QUE QUISE
Para mi abuelo Pedro y su casa del Preguntoiro,
en Santiago de Compostela
Huele a frío la casa,
torcida,
del abuelo.
Huele a sábanas frescas
y a humedad, sin embargo.
En moho se convierten
los que se dignan verla.
Poemas escogidos: Raquel Lanseros

2059
He imaginado siempre el día de mi muerte.
Incluso en la niñez, cuando no existe.
El microrrelato de los viernes: Dos relatos breves de David Roas

REVOLUCIONARIO DEL SIGLO XXI
(epitafio)
Incapaz para la acción, su vida fue un continuo sopor, salpicado de siestas y breves cabezadas, sólo interrumpido por las horas del sueño nocturno.
Leer másPoemas Escogidos: Elsa Veiga

DE LA CASA QUE QUISE
Para mi abuelo Pedro y su casa del Preguntoiro,
en Santiago de Compostela
Huele a frío la casa,
torcida,
del abuelo.
Huele a sábanas frescas
y a humedad, sin embargo.
En moho se convierten
los que se dignan verla.
Club de lectura en linea (33): Fernanda Trías
El microrrelato de los viernes: Dos micros de ciencia ficción
Poemas Escogidos: Dario Jaramillo Agudelo

POEMAS DE AMOR (FRAGMENTOS)
3. Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando, ausente, mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta,
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.
El microrrelato de los viernes: Dos micros de La vida sin Murphy
LA SEGUNDONA
Siempre le sucedía lo mismo. Por más que intentaba anticiparse al movimiento de su rival, esta siempre era la primera en hacerlo, provocando, tal y como quedaba perfectamente reflejado en el reglamento, que tuviera que hacer los mismos gestos y aspavientos que la ganadora. Ella soñaba con que algún día vencería. Pobre ilusa, viviendo a ese lado del espejo, la medalla de plata era todo lo que podía conseguir.
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