
DE LA CASA QUE QUISE
Para mi abuelo Pedro y su casa del Preguntoiro,
en Santiago de Compostela
Huele a frío la casa,
torcida,
del abuelo.
Huele a sábanas frescas
y a humedad, sin embargo.
En moho se convierten
los que se dignan verla.

DE LA CASA QUE QUISE
Para mi abuelo Pedro y su casa del Preguntoiro,
en Santiago de Compostela
Huele a frío la casa,
torcida,
del abuelo.
Huele a sábanas frescas
y a humedad, sin embargo.
En moho se convierten
los que se dignan verla.

POEMAS DE AMOR (FRAGMENTOS)
3. Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando, ausente, mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta,
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.
LA SEGUNDONA
Siempre le sucedía lo mismo. Por más que intentaba anticiparse al movimiento de su rival, esta siempre era la primera en hacerlo, provocando, tal y como quedaba perfectamente reflejado en el reglamento, que tuviera que hacer los mismos gestos y aspavientos que la ganadora. Ella soñaba con que algún día vencería. Pobre ilusa, viviendo a ese lado del espejo, la medalla de plata era todo lo que podía conseguir.
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EL JARDÍN SOLARIEGO
Las fuentes resecas, las rosas terminan.
Incienso de muerte. Tu día se acerca.
Las peras engordan como Budas mínimos.
Una azul neblina, rémora del lago.

UNA NUEVA REVOLUCIÓN
Algún imprudente se saltó la prohibición que gobernaba en la casa desde la lluvia de meteoros; y dejó la puerta del sótano sin cerrar. El suceso engendró cierta intranquilidad transitoria que, no obstante, no consiguió desestabilizar el equilibrio de carácter universal que había regido durante decenios a la humanidad.
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GIACOMO CASANOVA ACEPTA EL CARGO DE BIBLIOTECARIO
Escuchadme, Señor, tengo los miembros tristes.
Con la Revolución Francesa van muriendo
mis escasos amigos. Miradme, he recorrido
los países del mundo, las cárceles del mundo,
los lechos, los jardines, los mares, los conventos,
y he visto que no aceptan mi buena voluntad.

EL ABETO
La mujer fue trasladando las bolsas al dormitorio. A un lado amontonó las que contenían productos perecederos y, al otro, las de los juguetes y adornos de variada aplicación. El abeto lo dejó afuera, en el pasillo. La mujer observó el resultado de su tarea y la encontró bien hecha. Luego se acostó.
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XV. DE TODO AQUELLO
Todo aquello que conforma mi memoria:
la lengua resbalaba por tu hombro,
borrachos y amantes en Dublín.
Un libro malva de antropología
o cada uno de los cuadernos
manchados con tu nombre.
Tantos poemas y una magnolia
que envejece en el suelo del portal.