
ME BASTA ASÍ
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
Así se dice: Se engullen las palabras
Titular periodístico en un diario español de amplia difusión: “Graba a una ballena engullir a su hijo”. Lo correcto sería “que engulle”, no el infinitivo directamente. Esto puede funcionar, si acaso, cuando el verbo principal es “ver” u “observar”: “ve a una ballena engullir a su hijo”. No sabemos si el redactor (por llamarlo de…
Leer másEl microrrelato de los viernes: Dos micros fraternales


HERMANOS
Cuando la coexistencia se les hizo insostenible, dos hermanos muy competitivos llegaron a un acuerdo tácito pero inquebrantable: aquello en lo que uno de ellos triunfara quedaría vedado para el otro; eso evitaría toda comparación entre ambos. Más que un alivio, el pacto resultó una condena.
Leer másPoemas escogidos: Iona Gruia
Francisco J. Statué
En 1987, el escritor madrileño F. J. Satué obtuvo el Premio Ateneo de Novela de Santander por La pasión de los siniestros. Fue calificada por José Hierro, a la sazón miembro del jurado, como «la caricatura intelectual de la novela negra, un libro inteligente y bien escrito». No es esta, sin embargo, su única gran novela.…
Leer másEl microrrelato de los viernes: Dos micros de Sherman Alexie

IDOLATRÍA
Marie esperó horas. Estaba bien. Ella era india y todo lo indio -powwows, funerales y bodas- requería paciencia. Esta audición no era india, pero ella estaba lista cuando dijeron su nombre.
Leer másPoemas escogidos: Omar Fonollosa
Así se dice: Numerosos errores
“Hay numerosa inquietud en la frontera”, profería el otro día una periodista en un telediario español de máxima audiencia. ¿Qué podemos decir? La inquietud no puede ser numerosa. Podría haber dicho, por ejemplo, que hay mucha inquietud, gran inquietud, considerable inquietud, extraordinaria inquietud… En fin, posibilidades no faltan. Pero “numeroso” solamente puede emplearse con entidades…
Leer másEl microrrelato de los viernes: Tres micros de ultratumba

AMOR
Una mujer se enamoró de un hombre que llevaba muerto varios años. No le bastaba con cepillarle el abrigo, lavarle el tintero, tocar su peine de marfil: tenía que construir la casa sobre su tumba y sentarse con él noche tras noche en el sótano húmedo.
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