
LA PIEDRA ALADA
EL pelicano, herido, se alejó del mar
y vino a morir
sobre esta breve piedra del desierto.

LA PIEDRA ALADA
EL pelicano, herido, se alejó del mar
y vino a morir
sobre esta breve piedra del desierto.

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Mientras cepillo el pelo oscuro y
sedoso de mi hija ante el espejo
veo el canoso resplandor de mi cabeza,
la sirvienta llena de canas que está detrás. ¿Por qué será

CURRÍCULUM
Nací (es un decir).
Guardo entre gasas mi único cadáver,
aquel cordón umbilical que ella mantuvo
en escondite de múltiple avaricia
hasta dármelo a la edad de mis sesenta.

LOS NUEVE MONSTRUOS
Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

EL PEDIDO
DAME sesenta mil muertos y te daré un país,
eso me dijo. y su enorme oscura
inevitable voz, también era una ciénaga.

MERE ROAD
Todos los días pasan,
y yo los reconozco. Cuando la tarde se hace oscura,
con su calzado y ropa deportivos,
yo ya conozco a cada uno de ellos, mientras suben en grupos
o aislados,
en el ligero esfuerzo de la bicicleta.

II
(ropas)
la toalla donde dejo mi rostro
encontrarse con el tuyo anterior
sudor contra tu aroma
allá habrán de entenderse
como señales o distancias
marcadas en la ropa
para que existas
sea.
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Locos tiempos me tocó vivir, y yo no he fallado
en ser insensato también, como el tiempo me lo pedía.

BESTIARIO ÍNTIMO
Si alguien querría ser una tortuga
sería yo:
hacer de una sección cónica
mi propia sede prehistórica
alojada en la espina dorsal.

REGRESO
Se ahuecan las cosas con un
latido, es Abelardo,
las manos de Eloísa se hacen labio
y cuello, cavidad.