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 Durante la primera mitad del libro, “El Museo del Chisme” construye un ensayo muy interesante sobre el chisme con todos sus alcances, en tanto generador de otras historias y agregados, en la medida que pasa de boca en boca, o que a partir de lecturas encontradas durante diferentes épocas y lugares recorridos, se suman al imaginario general, creando nuevas verdades.

A partir de la segunda mitad, Cozarinsky nos sorprende con una cincuentena de chismes, cuyo origen cita al final de cada historia, sean orales o escritos.En la sección de hoy, microantologamos dos chismes de vidas de escritores.

En sus excursiones sexuales por el norte de África, André Gide solía decirle a los chicos con quienes se divertía: “Tú no tienes por qué saberlo pero en Francia soy un escritor muy conocido, aun famoso. Cuando conozcas a otros franceses, cuéntales que has estado conmigo para que vean que conoces a gente importante, para que te respeten. Impresionados, agradecidos, los chicos le pedían que les dijera su nombre. El afable  y calvo señor de lentes respondía invariablemente: François Mauriac.

En un momento que ya nadie podría precisar, llegan al mismo tiempo ante la puerta giratoria de un hotel madrileño Valle Inclán y Benavente. Vacilan ante ella, inseguros de a quién le corresponde la precedencia. Finalmente, Valle Inclán, impaciente, airado, pasa mascullando: “Yo no le cedo el paso a un puto”. Benavente, sumiso, sonriente, murmura: “Yo sí…”.

EDGARDO COZARINSKY (Buenos Aires, 13 de enero de 1939)