Poemas Escogidos: Paul Celan


FUGA DE LA MUERTE

NEGRA LECHE DEL ALBA la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavarnos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba ante él a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

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ASÍ SE DICE: Uso inapropriado del verbo «repercutir»

De un tiempo a esta parte notamos que en España se está difundiendo un uso erróneo del verbo “repercutir”. Es un verbo que se construye con la preposición “en” y solamente puede tener un sujeto inanimado: alguna cosa repercute en alguien o en algo. Por ejemplo: “la subida del precio de la luz repercute en el aumento de los costes de producción”, “las palabras del ministro repercutieron en las decisiones posteriores del gobierno”. Veamos qué nos dice el Diccionario de la lengua española de la RAE respecto a este verbo, en sus acepciones cuarta y quinta:

4. intr. Dicho de una cosa: Trascender, causar efecto en otra.

5. tr. Hacer que un impuesto, un coste, etc., recaiga o tenga efecto sobre otra persona distinta de la que lo paga inicialmente.

Como se ve, en ambos casos se señala que el sujeto es una cosa, no una persona. Pues bien, el uso erróneo que queremos comentar consiste precisamente en eso, en construir este verbo con un sujeto animado, con el añadido de emplear la preposición “a” después, cosa también equivocada, así como el hecho de formarlo como reflexivo, con un “se”. Es un error que hemos escuchado más de una vez en boca de periodistas, como en estas frases pronunciadas en sendos telediarios: “El problema es que ese impuesto se repercuta en los ciudadanos”, “Los precios podrían repercutirse al bolsillo de los consumidores” (aquí tenemos dos de los errores: se usa como reflexivo y con la preposición “a”). El verbo correcto en estos dos casos es “trasladarse”: “se traslade a los ciudadanos” y “podría trasladarse al bolsillo de los consumidores”, respectivamente.

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Poemas Escogidos: Blanca Morel

INVITACIÓN

está puesta la mesa y no has venido
pero aún queda un instante

aún queda un instante
para preguntarnos
quién nos ha salvado
a quién condenamos
por quién debimos morir


I

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El Señor y lo demás 

El Señor y lo demás, son cuentos es una obra de Leopoldo Alas, «Clarín», publicada en 1893.

El Señor y lo demás, son cuentos es una obra de Leopoldo Alas, «Clarín», publicada en 1893.

Contiene un puñado de narraciones de gran interés, en las que la prosa del magnífico escritor zamorano, afincado en Oviedo, campea victoriosa por sus páginas.

Uno de los más destacables, Adiós, Cordera, cuenta, de un modo lírico y preciso, la historia de dos niños gemelos, Pinín y Rosa, que tendrán un destino similar, metafórico o no, al de la vaca con la que jugaban en el prado durante su infancia.

Buena literatura.
Merece la pena leerlo.

David Baró

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El microrrelato de los viernes: El viaje y el sueño

VIAJES

Para que el viaje fuera una solución y no un simple alivio, el que se va no debería llevarse. De todos modos, el alivio de partir vale la pena.

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Poemas Escogidos: Elsa Veiga


DE LA CASA QUE QUISE

Para mi abuelo Pedro y su casa del Preguntoiro,
en Santiago de Compostela

Huele a frío la casa,
torcida,
del abuelo.
Huele a sábanas frescas
y a humedad, sin embargo.
En moho se convierten
los que se dignan verla.

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ASÍ SE DICE: Rebajas y descuentos gramaticales:

“Los inquilinos con calefacción central van a rebajar un descuento del 50%”. Esta es la frase que le oíamos el otro día a un periodista en un informativo español de máxima audiencia. Por querer decir dos cosas al mismo tiempo, termina metiéndose en un laberinto sintáctico incomprensible. ¿Qué es “rebajar un descuento”? Evidentemente, el periodista quería decir “tener un descuento” o “tener una rebaja”. Sin embargo, lo más grave del asunto es que no se trataba de un error debido a las prisas, la improvisación o “las cosas del directo” (excusa tras la que suelen escudarse), sino que se trataba de un texto leído y, por tanto, escrito mal por algún “redactor”; o acaso se trataba de una lectura a lo loco por parte del presentador. En el primer caso, el sedicente “redactor” no sabe redactar; en el segundo, cabría preguntarse para qué sirve un presentador cuya función es leer las noticias y falla en eso mismo.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de José Ovejero

AMABILIDAD EJEMPLAR
MÓNICA SALIÓ PUNTUAL DEL COLEGIO, pero su papá no había llegado aún para recogerla. Alberto, un hombre que solía secarse el sudor de la frente con un pañuelo azul claro, lo que le hacía parecer mucho más mayor de lo que era. aparcó delante de la puerta justo al sonar la campana, pero su hija no salía. Era una pena porque había llevado el Peugeot amarillo que a ella le gustaba tanto..

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Sobre el fútbol y sus aledaños 

Los periodistas deportivos son los sofistas contemporáneos. Pueden decir una cosa y su contraria en cuestión de minutos sin apenas despeinarse, según el color de la camiseta de la que se trate. Francamente, resulta cómico (tragicómico, más bien). Un verdadero espectáculo o farsa escénica que, si no aporta mucho, a lo menos entretiene. Esta peculiar tramoya alcanza el culmen de la exacerbación en los programas de debate balompédico; auténticas batallas de no muy elevada dialéctica, eso sí. Una hoguera o feria de egos y vanidades contrapuestos. Pasión, lo llaman. Demasiada. Toda una seudoreligión. A veces, incluso, da la impresión de que el deporte en sí es lo de menos (¿vano pretexto de sombra y luz?). Eso sí, en el manejo de la lengua son impecables (o no tanto, a qué engañarse.Con frecuencia incurren en flagrantes fueras de juego lingüísticos). Pero esa, por supuesto, es otra historia (de terror). 

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Poemas Escogidos: Charles Simic


Todas las moscas del Círculo Polar vienen de mis
noches de insomnio. Así es como viajan: el viento las
lleva de carnicero en carnicero; luego los rabos de las
vacas se afanan cuando toca ordeñarlas.
De noche, en los bosques dél norte, escuchan al
alce y al somorgujo… Allí el verano es tan corto que
apenas tienen tiempo de contarse las patas.
«Tan valientes como un sello cruzando el
océano», zumban y suspiran, y enseguida es hora
de hacer bolas de nieve, de las grises y pequeñas con
piedras dentro.

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