Poemas escogidos: Juan Gelman

Juan Gelman


EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

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ASÍ SE DICE: Registro coloquial a punta pala

Ya hemos comentado en otras ocasiones el empleo masivo del registro coloquial en los telediarios españoles, práctica que se ha puesto de moda en los últimos dos o tres años. Vean, si no, cómo se expresaba el otro día un periodista, que básicamente daba la noticia en cuestión mediante expresiones coloquiales: “Ahora sí, el calor a tope, subidón de las temperaturas. Ahora sí que sí van a sudar la camiseta”. 

Además, esta última expresión la usa mal, porque “sudar la camiseta” no se refiere a pasar calor, sino a la necesidad de esforzarse duramente para lograr un objetivo. Es una metáfora. Lenguaje figurado. En fin, cuestiones demasiado complicadas para que las entienda un periodista, al parecer.

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El microrrelato de los viernes: Dos breves de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

EL PUÑAL

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.

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Poemas escogidos: Epigramas venecianos

Goethe (Stieler 1828)


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Locos tiempos me tocó vivir, y yo no he fallado
en ser insensato también, como el tiempo me lo pedía.

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Sobre lo moral y lo legal           

La diferencia entre lo legal y lo moral estriba en lo que acertadamente matizó con precisión Kant: lo heterónomo y lo autónomo. La ley que viene dada por otros es ley per vi; en tanto que la propia, la autónoma, es una autoimposición —voluntaria, por ende— en base a ese imperativo categórico moral que la razón pura demanda, dicta y dictamina. En realidad, está directamente relacionado con la ley natural, intrínseca, inherente a la propia conciencia (y de aquí, el derecho natural). Desde ese lógico presupuesto, las leyes heterónomas serían convenios generales posteriores a esa suprema e innata ley, y el Decálogo de antaño, consecuencia natural de la misma. De hecho, la distinción entre lo justo y lo injusto, igualmente, tiene que ver con ese criterio interno, inherente e innato. Un posible crisol, por tanto, para determinar el acierto, piedra de toque, de esas leyes heterónomas, sería su adecuación o no con la innata y previa ley moral (natural e individual) que, como bien apuntó Kant, debe ser, a su vez, universal (ya afirmó Aristóteles que las leyes han de estar fundadas en la razón). Nada nuevo, en cualquier caso. Aunque, eso sí, origen de muchos debates y digresiones no siempre moderadas. 

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Juan Carlos Onetti


LOS BESOS

Los había conocido y extrañado de su madre. Besaba en las dos mejillas o en la mano a toda mujer indiferente que le presentaran, …

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Poemas escogidos: Silvia Eugenia Castillero

REGRESO

Se ahuecan las cosas con un
latido, es Abelardo,
las manos de Eloísa se hacen labio
y cuello, cavidad.
Largo sentir de un cuerpo.
Es Abelardo que vuelve
y trae hasta la celda de Eloísa
una ciudad con calles de seda:
la estrella arácnida
en el balanceo del viento,
de hilos y alas muertas,
allí al fondo de Eloísa, dentro.

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ASÍ SE DICE: De golpe un par de errores

“Se firmaron un 15% menos contratos fijos”, decía el otro día una reputada periodista española, con su licenciatura y su inexcusable máster, directora de informativos, con varios premios de comunicación y periodismo a sus espaldas, columnista en la prensa escrita, tertuliana radiofónica, etc. Tanto currículum no ha podido evitar el error. Ah, pero no, tranquilos, no es el único, sino uno más de una larga serie, comprobable cada día simplemente viendo el telediario que presenta.

En el caso que nos ocupa, dos errores: por una parte, el porcentaje necesita una preposición antes del sustantivo al que se refiere (“un 15% menos DE contratos fijos”); por otra, si el sujeto es ese porcentaje, el verbo va en singular (“se firmó un 15% menos de contratos”). Dos por uno. De golpe.

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de Elena Poniatowska


LA IDENTIDAD

Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera.

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Crónica de una muerte anunciada          

En Crónica de una muerte anunciada, García Márquez reconstruye, con elementos tomados del periodismo y de la novela policíaca, la historia de una venganza, inspirada en un suceso real. El narrador, testigo de los hechos acaecidos, se vale de testimonios, cartas, documentos e informes varios, además de su propia memoria, para dar cuenta precisa del asunto. Recurre, igualmente, a elipsis, anticipaciones, reiteraciones…

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