Poemas escogidos: Victor Angulo


AMOR, CONTORNOS

LOS DÍAS son más llevaderos en el reparto de las tareas;
más soportables, si se quiere, cuando trato de pensar
….en ellos más allá de los contornos de la semana,

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Beernes


MATRIMONIO

Voy a la cocina y veo a mi mujer preparando con mimo un bizcocho. No la quiero molestar y me voy al salón. Allí está mi mujer, sentada en el sofá, arropada con su manta y viendo una teleserie.

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Poemas escogidos: Wislawa Szymborska

A MI CORAZÓN EL DOMINGO

Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.
Tienes setenta merecimientos por minuto.

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ASÍ SE DICE: Adónde vamos

Hablando de unas pacientes que recibieron implantes de silicona defectuosos, una periodista española pronunciaba el otro día la siguiente frase: “Las indemnizarán con pagos que irán desde los 5000 euros”. Bueno, habría que preguntarle a la buena señora periodista por qué deja la frase a medias. Si emplea esa estructura, tiene que indicar obligatoriamente tanto la cantidad mínima como la cantidad máxima: “las indemnizarán con pagos que irán desde los 5000 hasta los 20000 euros”, o la cantidad que corresponda. Si solamente conoce la cantidad más baja, tenía que haber utilizado otras estructuras: “Las indemnizarán con, al menos, 5000 euros”, o “las indemnizaciones serán como mínimo de 5000 euros”. Tampoco es tan difícil, digo yo.

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de El niño que comía lana


EL CAJÓN EN EL QUE HABITA MI MADRE

El primer cajón de la cómoda, en el que habita mi madre, tiene un agujerito que conecta con el cajón de la ropa interior de mi tía, olorosa a lavanda, que está justo debajo y que es donde, envuelto entre la ropa interior, guarda el revólver con el que la mató,

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Sobre la poesía de los últimos años          

Los postnovísimos, poesía de la experiencia, poesía metafísica o del silencio, neosurrealismo, neoépica, poesía sucia, neoclasicismo… 

Infinidad son las tendencias, corrientes, estilos y formas de la pulsión poética de estos últimos treinta o cuarenta años, tras los novísimos del 68. 

Lo importante, sin embargo, más allá de las etiquetas clasificadoras, es que se escribe poesía. Tal vez demasiada (o nunca es demasiado. Quién sabe). Todo al fin depende de la obra, de la estética, que, ineludiblemente y en definitiva, para bien o para mal, define en esencia toda obra literaria que pretenda serlo. Y así en el arte también, al margen de modas pasajeras o de efímeros paradigmas. 

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Poemas escogidos: Héctor Viel Temperley


LAS RATAS

Nunca antes
pensé en las ratas. Eran
las grises, melancólicas
nadas de larga cola
que subían
a un horizonte ajeno.
Pozo que estás en vela
igual que un ojo abierto;
solitario y perenne
contemplador de cielo,
el reposo en la noche
para ti no fue hecho,
pobre ojo que miras
inmóvil y despierto
sin párpado que vele
tu cansancio de tiempo.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Hipólito G. Navarro


HOSTAL EN LA CIUDAD VIEJA

Sobre la mesilla, junto al despertador, reposa un libro de titulo curioso: Guía de edificios apuntalados de interés. En la página 37 tiene disimulada una errata: donde dice «Caso antiguo», debería decir «Casco antiguo».
El turista sueña toda la noche con paredes que encima se le caen, sin poderlo remediar. Se trata de una pesadilla con errata o clave camuflada: además del sueño de un turista, es un sueño futurista.

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Poemas escogidos: María Isabel Secades Lainz


POZO

Pozo que estás en vela
igual que un ojo abierto;
solitario y perenne
contemplador de cielo,
el reposo en la noche
para ti no fue hecho,
pobre ojo que miras
inmóvil y despierto
sin párpado que vele
tu cansancio de tiempo.

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ASÍ SE DICE: Al menos leer bien

Muchos de los periodistas que presentan los telediarios no hacen nada más que leer el texto que aparece en la pantallita que tienen delante. En todo caso, ese periodista encargado de presentar el telediario debería, al menos, leer sin problemas, sin tropezones, sin errores. Con todo, lo que observamos (más bien, escuchamos) es que a cada paso se producen fallos en la lectura. Aparte de pausas entonativas sin sentido (o, peor aún, pausas que cambian el sentido de lo que se quiere decir), son frecuentes las equivocaciones a la hora de leer números. Así, el otro día pudimos escuchar que un periodista decía “cuarenta y uno empresas”. Evidentemente, va leyendo palabra por palabra: primero ve un número, 41, y lo lee tal cual; después ve la palabra “empresas” y la pronuncia. En fin, así es como lee un niño que está aprendiendo a descifrar un texto escrito. Al niño se le excusa porque, precisamente, está en la etapa de aprendizaje. Más difícil resulta excusar a un periodista, a todo un (sedicente) profesional de la comunicación, que demuestra que no sabe ni siquiera leer bien.

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