
LAS GUITARRAS DE JUAN GRIS
Pensar que me iban a tirar. Y aquí me tienen, no se me reconoce bien pero soy la de siempre, sólo que bastante renovada en mi interior.
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LAS GUITARRAS DE JUAN GRIS
Pensar que me iban a tirar. Y aquí me tienen, no se me reconoce bien pero soy la de siempre, sólo que bastante renovada en mi interior.
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CONDICIÓN DE VAMPIRO
Tras una inútil noche en tránsito sanguíneo
–la temblorosa piel-
-el quejido mínimo-
oficio el cándido ritual de abrir sobres a mordiscos.

DESEO
Su madre le ha prometido que si papá vuelve a las andadas, ella, esta vez, se atreverá a dejarle y se mudarán a una casa con jardín en la que podrán tener, por fin, un perro. Y ahora a Nico se cuela en la cabeza sin permiso una esperanza que le hiere. Un deseo le picotea el cerebro y agujerea sus membranas de a poquitos como una gallina incansable acribillando el terreno tras una miga de pan.
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Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra»,
«vacío»
etcétera.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.

La rebelión empieza en una biblioteca.
EICHSTÄDT, Anales de la Sociedad Filológica de Jena, VI, 1813.
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USHUAIA
Los leones marinos en su islote,
si no durmieran ya, contemplarían
hoy, donde esas luces lejanas
–allí de donde vuelan los cauquenes–,
todo igual y distinto, solamente
porque una de ellas ahora
–rebelde a lo oscuro y a la helada–
en nuestro cuarto esta noche.

LA MARIONETA
La enterró y no salió de su estudio hasta no conseguir
una marioneta que fuera una réplica exacta de ella.

LA NUEVA INQUISICiÓN
Ignacio de Loyola (Azpeitia, 1491 - Roma, 1556)
De los hombres que ahora veneramos
se temió en su momento
que hablaran con la lengua del demonio.
¿Cómo sabremos hoy si el acusado
(el blanco que tengamos
en el punto de mira)
es un santo o un loco?
Tal vez no nos preocupe.
analizar las pruebas.
Una frase sacada de contexto.
bastará para hundido.
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ENTRE SOMBRAS
Se la llevó la palmera, quien la miró nunca podrá olvidar su cabellera negra enredándose en su cuello, el cuerpo tenso y esa sonrisa diáfana. La niña se columpiaba como todos los días. La cuerda la amarraba en un extremo del balcón y en el extremo de la cuerda un pedazo de madera le servía de asiento. Se mecía de dos a tres de la tarde. ¿Por qué no gritó? Seducida por el penacho de la palmera, se dejó columpiar por esa sombra de manos. Hace tiempo que no vemos a Ruperto, el joven que repartía folletos publicitarios. Sin embargo, la sombra todos los días devora la pared.Leer más

CANTO DE MI MISMO
-8-
Un niño me preguntó: ¿qué es la hierba?, trayéndola a manos llenas,
¿Cómo podría contestarle? Yo tampoco lo sé.
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