
Miércoles, 9 de noviembre de 2022 18h
Moderadora: Valeria Correa Fiz

Otro Bookstore
Inevitablemente cada vez que la ves
pensás, con los labios estirándose
en una sonrisa: qué bueno, está ella.
Y ella mirándote parece pensar
mientras se le estiran los labios
en una sonrisa: bien, vino él.

Museo de las pérdidas de Valeria Correa Fiz, El elogio de la sombra de Junichiro Tanizaki, Le collier de la reine de Alexandre Dumas, Mémoire de fille de Annie Ernaux

Señor, cuando se hielan
los prados; cuando en las aldeas asoladas
se han callado los ángelus,
sobre el campo desnudo de sus flores
haz que caigan de los cielos
los deliciosos, los queridos cuervos.

Al Grand Hotel de Zarauz íbamos con mi abuela paterna y mi tía soltera. En la pista de tenis aún había chicos que jugaban con pantalón largo, un pantalón holgado, con una deportiva línea amarilla trazada en vertical. Los clientes del hotel eran siempre los mismos, ocupaban todos los años las mismas habitaciones, como en un rito estival: el catedrático emérito de historia que aspiraba rapé; un notario madrileño apellidado Del Río; la viuda portuguesa de un banquero que vivía en París; y una tumultuosa familia de gitanos (lamento arruinar el argumento de que, además de ricos, también éramos racistas) que se apellidaban Vida, con más de quince miembros y tres generaciones.
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SINFONÍA ENCORDADA
Elegidas al azar van saliendo de aquel cubo, enredadas como si no fueran a separarse jamás.
Un artista les dará vida por unas horas; las sacude y estira para colgarlas en aquel escenario de frágil arquitectura.

LA RESISTENCIA ÍNTIMA
Tu córnea
se hace cáscara debajo de los párpados dormidos
para que tu mirada no se avenga
a las ficciones de la luz.
Solo crees en lo que se refugia
en la cara interna de tu ojo
cuando no mira.
Escúchate, no permitas
que se quemen tus entrañas,
no dejes que el mundo te arrebate de ti mismo.
Y recuerda:
en ojos cerrados no entran moscas*.

LA SIBILA
Siempre insistió en que era una sibila, nosotros nos reíamos de esa ocurrencia. Decíamos que era una loca que se había escapado de algún desierto mental para internarse en la vorágine de los otros.
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COSAS EN COMÚN
Habernos conocido
un otoño en un tren que iba vacío;
La radiante, aunque cruel
promesa del deseo.

EL FUEGO DE LA SALVACIÓN
DE NIÑO ME QUEDABA siempre a las orillas del misterio, en un rincón de la acera. Los que pasaban por ahí me daban dinero, cuando lo que yo quería en realidad era entrar. Las puertas de la cantina, alas destructoras, apenas me permitían atisbar, adivinar en la medusa del humo y la música los secretos más preciosos..
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