
Llegará un día el don de la derrota.
La mejilla posada sobre la tierra
y el abrazo de lo callado, nada
será dicho y crecerá lo extenso.

Llegará un día el don de la derrota.
La mejilla posada sobre la tierra
y el abrazo de lo callado, nada
será dicho y crecerá lo extenso.

CRIANZAS
Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.
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XV. DE TODO AQUELLO
Todo aquello que conforma mi memoria:
la lengua resbalaba por tu hombro,
borrachos y amantes en Dublín.
Un libro malva de antropología
o cada uno de los cuadernos
manchados con tu nombre.
Tantos poemas y una magnolia
que envejece en el suelo del portal.

DON DE LA EBRIEDAD
……………I
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

¿QUÉ LLEVAMOS EN LOS BOLSILLOS?
Un mechero, un caramelo para la tos, un sello de correos, un solitario y algo torcido cigarrillo, un palillo, un pañuelo de tela, un bolígrafo, dos monedas de cinco shekels. Esa es una pequeña parte de las cosas que llevo en los bolsillos. Entonces ¿qué misterio tiene que estén tan abultados? Son muchos los que me lo han dicho.
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AGRADECIMIENTO
Debo mucho
a quienes no amo.
El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.
La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

MOVIMENTO PERPETUO
Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones ni;
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SINCERIDAD
Había dieciocho camas alineadas junto a la pared, en un aposento oscuro. Yo ocupaba la quinta, empezando a contar por la izquierda.

NATURALEZA PERDIDA
Hay que acostumbrarse a perder poemas. Como se pierden hombres y recetas,
llaves,
calcetines y religiones.
No necesitamos malos poemas:
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EL OTRO
AMI HIJO LE GUSTAN MUCHO LOS ESPEJOS. En eso no nos parecemos. Le encanta mirarse en ellos, palpar su superficie como si tratara de acariciar al niño que tiene enfrente. No sé si a su edad ya tiene conciencia de que lo que está viendo no es más que un simple reflejo de sí mismo. Todavía no habla, no puedo preguntarle.
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