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El agua se aprende por la sed; la tierra, por los océanos atravesados; el éxtasis, por la agonía. La paz se revela por las batallas; el amor, por el recuerdo de los que se fueron; los pájaros, por la nieve.Leer más
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El agua se aprende por la sed; la tierra, por los océanos atravesados; el éxtasis, por la agonía. La paz se revela por las batallas; el amor, por el recuerdo de los que se fueron; los pájaros, por la nieve.Leer más

YO LEO PORQUE
Yo leo porque me hace la cabeza pum, chimpún, qué alegría que alboroto y otras
veces ay, dios mío, qué pena y otras veces es otra página y me duermo, otra
página y me duermo, otra más de verdad y me duermo y al día siguiente necesito
tres cafés.
LA CASA DE LOS ADUANEROS
Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
en la elevación inclinada sobre la escollera:
desolada te espera desde la noche
en que entró en ella el enjambre de tus pensamientos
y se detuvo inquieto.
EVA
Entre las líneas que representan los hierbajos de la isla descubro una flor.
Si ha de iniciarse la invasión de las especies, que sea ahora. Que llegue la simiente del manzano, que venga Adán. Que empiece el espectáculo.
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LAS PERSONAS SENSIBLES
Las personas sensibles no son capaces
pe matar gallinas
pero son capaces
De comer gallinas

PRIMERA LECCIÓN DE TANGO
En la pareja de tango, lo mismo que en la vida, el hombre ejerce la fuerza, la mujer la resistencia.
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«Egipto»
No la tarjeta postal ni el enjuiciamiento, disfrazados de patetismo
o síntesis.
El radiante rigor.
No la ventana abierta al día, sino a la noche entreabierta.
El ademán sin cuerpo. Eso, casi dorado, que envenena la arena: un
sentido.

IRENE VALLEJO (Zaragoza, 1979). El fragmento seleccionado pertenece al libro “El infinito en un junco”, Editorial Siruela.
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