El microrrelato de los viernes: Dos micros con trenes

ugarte-lorenzo
DIRECCIÓN DE LOS TRENES

Allá quedan sus padres, varados en el andén. Te despides agitando la mano, pero ya no aguantas más, de modo que gritas que les quieres, más alto, cada vez más alto, mientras ellos se van haciendo pequeños, cada vez más pequeños, a medida que el tren acelera cruelmente y se aleja de la estación.

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Poema escogidos: Eugenio Montale

Montale grande
DESPUÉS DE LA LLUVIA
Sobre la arena mojada aparecen ideogramas
como patas de gallina. Miro hacia atrás
pero no veo refugios o asilos de aves.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de la máquina de languidecer

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DIADEMA EN TU CABELLO

Hay quien afirma que tu única vestidura es tu pelo, tu cabellera cuidadosamente cepillada y peinada y ungida con perfume, tu largo pelo negro que refulge y se ciñe como un manto real al blanco de tus huesos.

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Quinto club de lectura en linea: Mariana Enriquez

Miércoles, 9 de septiembre de 2020 18h
Moderadora: Valeria Correa Fiz

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Vosotros, los muertos

GINÉS CUTILLAS
AHORA QUE NUESTROS NOMBRES SE ESCRIBEN EN PIEDRA

¡Qué raro que me llame Federico!

Federico García Lorca

Hasta los once años me llamé Federico, a pesar de que a mis padres no les convencía mucho el nombre. No está formado, decían. Cuando se le escriba en la cara, le pondremos uno más afín. Y así fue: a los doce, con el cambio de voz, decidieron que Federico ya no correspondía con mi talante, que el mejor nombre que me podía ir para la adolescencia recién estrenada era el de Francisco, Paco para los amigos. Este nombre me duró justo hasta la noche de bodas, cuando en pleno éxtasis, mi mujer me llamó Carlos. «Me casé con Paco y me desvirgó Carlos», era la típica broma que solía hacer a los conocidos.

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Poemas escogidos: Clara Janés

CLARA JANÉS
PASO A PASO…
Paso a paso
Desconfía de aquellos
que no han considerado nunca
el suicidio.
Van haciendo paso a paso el camino,
cegándose al abismo que siempre acosa al hombre

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La montaña y yo

Todos me preguntan por qué lo hago, especialmente ahora, que estoy viejo.
Me crie con las cumbres nevadas en la mirada, el olor a abedules en la brisa fresca de la mañana, así que plantearme esa pregunta es como preguntarle a un niño por qué quiere a su madre.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de (des)encuentros amorosos

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SIN PASADO

Pasamos muy cerca el uno del otro, demasiado rápido, también; pisamos la línea continua y nos destrozamos, mutuamente, los retrovisores. Desde entonces ninguno ha podido volver a mirar atrás.

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Body Guard de Iris Menegoz

Desde cuando había enviudado, Ángela, mi vecina de casa en el pueblo, empezó a recoger gatos perdidos. Primero fue un cachorro extraviado delgado y sin cola. Después una gatita embarazada que parió tres gatitos y, poco a poco, la familia felina se convirtió en colonia.
Los gatos vivían bastante aislados en el huerto de Ángela. Difícilmente se podían ver ni se podía uno acercar, tampoco acariciar. Lástima, porque a mí los gatos me han gustado siempre mucho.
Una mañana de principios de verano llegó él. Un joven gato de pelo negro brillante como un trozo de regaliz, ojos amarillos y bigotes impresionantes. Una pantera en miniatura.

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