El microrrelato de los viernes: Tres micros de Adolfo Bioy Casares

ABC
DIVISIÓN DEL TRABAJO
El domingo los trabajadores están por fin con sus mujeres; los ociosos, por fin, sin ellas.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Fernando Aramburu

SINCERIDAD
Había dieciocho camas alineadas junto a la pared, en un aposento oscuro. Yo ocupaba la quinta, empezando a contar por la izquierda.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Invasión de David Roas


EL OTRO

AMI HIJO LE GUSTAN MUCHO LOS ESPEJOS. En eso no nos parecemos. Le encanta mirarse en ellos, palpar su superficie como si tratara de acariciar al niño que tiene enfrente. No sé si a su edad ya tiene conciencia de que lo que está viendo no es más que un simple reflejo de sí mismo. Todavía no habla, no puedo preguntarle.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Geometría, antología de nuevos narradores


CAPERUCITA de Paloma Gómez Crespo
EXTRAÑAS ESTADÍSTICAS de Rose Marie Boudeguer

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de El año nuevo de los árboles


LOS OJOS DE MI PADRE

Para mi padre

CONDUZCO DE REGRESO del entierro de mi abuelo. Me detiene el tráfico de la ciudad a media tarde. Las luces, sin embargo, se suceden con fluidez en el sentido contrario de la carretera.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Alejandro Chanes Cardiel


ABANDONO

La sequía baja las aguas del embalse y hace surgir las ruinas del pueblo.
Alrededor de la torre de la iglesia, gira una cigüeña sin hallar su nido.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Isabel Mellado

EL PERRO QUE COMÍA SILENCIO

Hubo un tiempo en que me llamé Croqueta. Así me llamaba mi amo. Mentecato lo llamaba yo a él, pero eso nunca lo supo. Ahora me gritan chucho. A mí me gusta titularme Zorba, el perro.
Y sí, soy un perro free lance de pueblo. Tardé en darme cuenta de que esta vez solo sería eso. No ponía huevos, tampoco tenía cuernos, ni hablar de hacer patinaje sobre hielo.
Al poco de nacer me abandonaron en un vertedero. Allí me recogió don Mentecato y me apadrinó prometiendo cuidarme toda mi perra y su aún más perra vida, pero como era de esperar no cumplió su palabra y no se lo reprocho. Viene a mi mente la frase «Errar es humano, perdonar es perruno». A lo largo de mi vida he comprendido que casi ningún hombre tiene palabra, pero todos tienen silencios y eso es lo esencial.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Pablo Marín Escudero

EL CÓNDOR PASA

Una corriente de aire tornadiza impidió su caída a punta de rifle y lo dejó en la estratosfera congelado. Veinte años después de que aquellos soldados entrasen en su casa y lo lanzasen al mar desde un avión, su cuerpo vivo descendió del ozono y tomó tierra sobre el festival letárgico de Viña del Mar, mansamente. La gravedad lo depositó en incómodo claroscuro, demediado por el maldito escalón pactante entre foso y escenario.

Volvió a casa. Tenía moratones infligidos por decentes oficinistas y milicos venidos a tenderos de bien.

– María, esta mañana me torturaron.

Ella lo silenció: Te perdono.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con trenes

Bernhard + Gallardo
TREN DE LA MAÑANA y LOS TRENES DE LOS MUERTOS

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de robots

Alberto Chimal
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En sus quince minutos de fama, el robot Arnulfo Martillo habló en televisión de cómo un error de su programación permitía ver colores que nadie más podía, fuese robot, humano o criatura de cualquier otro tipo. La conductora del programa (la infinitamente más famosa Angélica Cizalla) cometió entonces el error de pedirle que describiera esos colores. Arnulfo lo intentó y catorce de sus quince minutos se fueron en tartamudeos, repeticiones (“¡se ve tan hermoso!”) y malas metáforas: Arnulfo no era poeta.

Cuando salió del estudio, Arnulfo regresó a su casa caminando, con la misma cara de asombro que tenía siempre (y por la que muchos lo creían un tonto) ante la belleza del mundo.

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