
EL GÓLEM
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

EL GÓLEM
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

SOLEMNE
Boato. A uno y otro lado de las bancadas, los familiares de los novios contienen la respiración con la última nota del órgano, la que da paso a la liturgia.
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DON DE LA EBRIEDAD
……………I
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

PROMETEO
De Prometeo nos hablan cuatro leyendas.
Según la primera, lo amarraron al Caucazo por haber dado a conocer a los hombres los secretos divinos, y los dioses enviaron numerosas águilas a devorar su hígado, en continua renovación.

Mi madre, por supuesto, no estará de acuerdo, pienso, mientras pongo lo esencial en una maleta.
Nunca lo estuvo: desde el principio él no le cayó bien.

Desde Hospital de Niguarda hacia la Val Grande.
Cuando voy a la Sección ANPI Martiri Niguardesi, mi mirada se detiene sobre la fotografía de una joven partisana. Aquella joven es Maria Peron, enfermera de los partisanos de la Val Grande.
María nació en Borgorico (PD) y murió en San Bernardino Verbano (NO) en noviembre de 1976.

CUARTO
Apoyar la frente enfebrecida en la nublada celosía del confesionario. Enumerar los inasibles recorridos de la serpiente.
Buscar un nombre para hacer cada crimen discernible. Dibujar las noches; las llagas de las paredes
encaladas en la oscuridad, brillando; los colibríes enzarzados, enredando sus lenguas de pistilo bajo los rígidos almidones
de mis tocas. Apoyar la frente. Abandonarse. Sentir cómo el anillo que atenaza mi corazón, se me resbala por el pecho
como un crisantemo decapitado.
De «Virgo Potens» 1994
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Alicia se levantó a las siete, se duchó rápido, cogió el bolso y salió por la puerta de casa. Había pasado una mala noche y sus ojeras delataban el cansancio. Vivía encima del bar La Esperanza, en Calle Bretón, pleno barrio del Albaicín. Bajó a plaza El Salvador, torció por la Calle Panaderos, después Calle Charca y de ahí hasta el Mirador de San Nicolás. Ese era el sitio donde pasaba los días desde que la habían despedido del trabajo. No se atrevía a decirle nada a sus padres, no quería que le reprocharan el haberse ido de casa unos años atrás. Solo les habia dicho que la empresa pasaba por malos momentos pero que ella llevaba allí mucho tiempo y era una figura importante para la oficina. «Importante» pensó. Ojalá. Durante un tiempo lo había sido pero ya no recordaba ni cómo ni cuándo.
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El pescadero exhibía una sirena dentro de una pecera. Ella, ajena al tumulto, masticaba con sus dientecillos afilados peces de plata que el hombre lanzaba de tanto en tanto al tiempo que gritaba: ¡compren, compren una sirena, la única en el mercado!
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XV. DE TODO AQUELLO
Todo aquello que conforma mi memoria:
la lengua resbalaba por tu hombro,
borrachos y amantes en Dublín.
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