El microrrelato de los viernes: un cuento breve de Alejo Carpentier

El entierro de Henri Christophe

El gobernador entreabrió la hamaca para contemplar el rostro de Su Majestad. De una cuchillada cercenó uno de sus dedos meñiques, entregándolo a la reina, que lo guardó en el escote, sintiendo cómo descendía hasta su vientre, con fría retorcedura de gusano.

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Poemas escogidos: Ánuar Züñiga Naime

DAY DREAM
la pesadilla empieza
15 segundos
después de despertar

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ASÍ SE DICE: Sobre tuits y malparados

A raíz de un tuit de Pérez-Reverte, los periodistas, siempre ávidos de «noticias», se lanzaron, rápidamente, al cuello del escritor, equiparando una errata a un uso ininteligible y absurdo del lenguaje. Lo gracioso del caso es que, en esa hipercorreción periodística, al decir que Pérez-Reverte salió malparado —se entusiasmaron en exceso, sin duda— no lo escribieron junto como corresponde. Olvidando, también, por cierto, el consabido guión en el apellido del susodicho. La leche.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Pedro Crenes Castro

Gánsteres
Para Doménico Chiappe, que estaba allí.
—El primero siempre es el más difícil le dije.
—En mi caso es el último —contestó llevándose la pistola a la sien.

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Poemas escogidos: Ernesto Pérez Züñiga

DANTE HACE TURISMO
A mis pies los tejados de Dite. Las ventanas
con diablos melancólicos. No saben
qué son y fuman
hacia el viento helado.
Hay brujas que cabalgan en banderas
y ondean símbolos vacíos.

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Greguerías

FORTUNATA Y JACINTA — BENITO PEREZ GALDOS — EDITORIAL HERNANDO 1971

Las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, que alguien llevado de un excesivo entusiasmo y no poca simpleza podría equiparar con tuits, son aforismos poéticos de gran ingenio y originalidad, no carentes, además, de singular gracia, fina ironía y humor.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Clarice Lispector

Ruido de pasos
Tenía ochenta y un años de edad. Se llamaba doña Gandida Raposo.
Esa señora tenía el deseo irresistible de vivir. El deseo se acentuaba cuando iba a pasar los días en una hacienda la altitud, lo verde de los árboles, la lluvia, todo eso la acicateaba. Cuando oía a Liszt se estremecía toda. Había sido bella en su juventud. Y le llegaba el deseo cuando olía profundamente una rosa.

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Poemas escogidos: Juan Vico

TIERRA DE NADIE
¿Y si en aquel país hostil
creciera mejor nuestro deseo,
primitivo y absurdo
como un helecho de plástico?

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