El microrrelato de los viernes: Dos poemas en prosa de Paraíso Vacío


GENESIS
Sobre el jardín desnudo aún no había caído la lluvia. Fue
el hombre quien cayó, para saber el perdón, para levantarse de a
dos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros voraces

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CARNE

Les pregunté con carne de qué animal estaba hecha la sopa. “No es de animal”, me contestaron.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con pintores


UN MODELO de Felipe R. Navarro
Estimado Señor Edward Hopper:

LA MIRADA DE FRIDA KAHLO de Isabel Wagemann
Cuando su hombre no aparece en la cama y ya son demasiadas noches,

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con trenes

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DIRECCIÓN DE LOS TRENES

Allá quedan sus padres, varados en el andén. Te despides agitando la mano, pero ya no aguantas más, de modo que gritas que les quieres, más alto, cada vez más alto, mientras ellos se van haciendo pequeños, cada vez más pequeños, a medida que el tren acelera cruelmente y se aleja de la estación.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de la máquina de languidecer

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DIADEMA EN TU CABELLO

Hay quien afirma que tu única vestidura es tu pelo, tu cabellera cuidadosamente cepillada y peinada y ungida con perfume, tu largo pelo negro que refulge y se ciñe como un manto real al blanco de tus huesos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Vosotros, los muertos

GINÉS CUTILLAS
AHORA QUE NUESTROS NOMBRES SE ESCRIBEN EN PIEDRA

¡Qué raro que me llame Federico!

Federico García Lorca

Hasta los once años me llamé Federico, a pesar de que a mis padres no les convencía mucho el nombre. No está formado, decían. Cuando se le escriba en la cara, le pondremos uno más afín. Y así fue: a los doce, con el cambio de voz, decidieron que Federico ya no correspondía con mi talante, que el mejor nombre que me podía ir para la adolescencia recién estrenada era el de Francisco, Paco para los amigos. Este nombre me duró justo hasta la noche de bodas, cuando en pleno éxtasis, mi mujer me llamó Carlos. «Me casé con Paco y me desvirgó Carlos», era la típica broma que solía hacer a los conocidos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de (des)encuentros amorosos

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SIN PASADO

Pasamos muy cerca el uno del otro, demasiado rápido, también; pisamos la línea continua y nos destrozamos, mutuamente, los retrovisores. Desde entonces ninguno ha podido volver a mirar atrás.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de El papel de un cromo


HEARTLAND

En las ciudades del Medio Oeste las niñas que caminan sobresalen como montañas, porque no hay aceras y nadie ha pensado que los pies puedan ser un medio de transporte. Es un lugar plano y una niña de esa edad, en agosto, es casi más alta que las plantas de maíz que hay al otro lado de la Nacional y que solo unos meses después marcarán la altura máxima natural de la región.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con homenajes literarios

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EL CABALLERO TRANSVERSAL

Él se desabrochó el abrigo y extrajo el hacha del lazo, pero no la sacó del todo, sino que la mantuvo cogida con la mano derecha debajo del abrigo.

TIEMPO DE LECTURA

Su caratula se distorsionaba, su redondez se fugaba a lo Dalí. Las muchachas en flor se acomodaban en su tiempo perdido.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con fragmentos

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MEDIA ABUELA

Siempre tuve media abuela. Me miraba con su único ojo, me abrazaba con la mitad de las costillas y apenas un pecho. Respiraba con un pulmón y cuando escuchábamos música, ponía la oreja izquierda hacia los altavoces. Un día, mamá cavó un agujero junto al haya roja. Enterramos la cajita con sus cenizas y las trenzas que le cortaron a los quince años. Aunque murió la mitad de ella, la lloramos entera.

UN ROTO PARA UN DESCOSIDO

En el verano de 1999, sin darme cuenta, me enamoré de un hombre al que le faltaba el brazo izquierdo, supongo que tuvo que ver con que soy tuerta del ojo derecho.

Con el paso de los días pude constatar que no era el brazo izquierdo lo único que le faltaba pero cuando vine a darme cuenta ya no tenía remedio: me había enamorado como sólo se puede enamorar una colegiala tuerta.

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