
EL POZO
Hacía tres minutos que cavaba en la arena cuando el pozo le tragó la palita. Desconcertado, el chico miró a la madre. La mujer lo vio hundirse, corrió, alcanzó a tomarle las manos aterrada, y se hundió con él.
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EL POZO
Hacía tres minutos que cavaba en la arena cuando el pozo le tragó la palita. Desconcertado, el chico miró a la madre. La mujer lo vio hundirse, corrió, alcanzó a tomarle las manos aterrada, y se hundió con él.
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NOTAS FALSAS
Eligió la melodía con cuidado. Debía ser lo suficientemente pegadiza e inusual. Al día siguiente, en la oficina, se pasó toda la mañana silbándola al oído de su compañero. Cuando por la noche llegó su mujer a casa tarareándola, se confirmaron sus sospechas.
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DIADEMA EN TU CABELLO
Hay quien afirma que tu única vestidura es tu pelo, tu cabellera cuidadosamente cepillada y peinada y ungida con perfume, tu largo pelo negro que refulge y se ciñe como un manto real al blanco de tus huesos.
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CAPITÁN LUISO FERRAUTO
Una vez al año, en primavera, el capitán Luiso Ferrauto cambia de piel; de la piel vieja emerge lustroso y rosado como un recién nacido, pero al cabo de unas horas la piel nueva recobra su color normal, que es aceitunado, y también el pelo, que se ha desprendido junto con la piel del cráneo, vuelve a crecer rápidamente, como corresponde a un oficial de la Seguridad Pública.
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Batalla, s. Método de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.
Cañón, s. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.
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PREJUICIOS
Hace algún tiempo, mientras me lavaba los dientes, vi en el baño una especie de cucaracha. Lo consideré algo normal en un edificio que data de 1900. Respiré profundo y fui a buscar el insecticida. Cuando volví, ya caminaba por los azulejos en dirección al pasillo. Noté que su tamaño había aumentado. Le disparé con el esprai y creció una cuarta. Volví a disparar y duplicó su tamaño. Asustada, me encerré en el dormitorio.
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¿QUÉ LLEVAMOS EN LOS BOLSILLOS?
Un mechero, un caramelo para la tos, un sello de correos, un solitario y algo torcido cigarrillo, un palillo, un pañuelo de tela, un bolígrafo, dos monedas de cinco shekels. Esa es una pequeña parte de las cosas que llevo en los bolsillos. Entonces ¿qué misterio tiene que estén tan abultados? Son muchos los que me lo han dicho.
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Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones ni;
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En sus excursiones sexuales por el norte de África, André Gide solía decirle a los chicos con quienes se divertía: “Tú no tienes por qué saberlo pero en Francia soy un escritor muy conocido, aun famoso. Cuando conozcas a otros franceses, cuéntales que has estado conmigo para que vean que conoces a gente importante, para que te respeten. Impresionados, agradecidos, los chicos le pedían que les dijera su nombre. El afable y calvo señor de lentes respondía invariablemente: François Mauriac.
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