
SINFONÍA ENCORDADA
Elegidas al azar van saliendo de aquel cubo, enredadas como si no fueran a separarse jamás.
Un artista les dará vida por unas horas; las sacude y estira para colgarlas en aquel escenario de frágil arquitectura.

SINFONÍA ENCORDADA
Elegidas al azar van saliendo de aquel cubo, enredadas como si no fueran a separarse jamás.
Un artista les dará vida por unas horas; las sacude y estira para colgarlas en aquel escenario de frágil arquitectura.

LOS NUEVE MONSTRUOS
Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

LA SIBILA
Siempre insistió en que era una sibila, nosotros nos reíamos de esa ocurrencia. Decíamos que era una loca que se había escapado de algún desierto mental para internarse en la vorágine de los otros.
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La primera vez fue complicado. Estaba sentada en medio de la fila, al lado de un señor que se conocía cada nota y que si respiraba un poco más de la cuenta me mandaba a callar. Yo, con mis once años, estaba aterrorizada pensando que tenía que estar cuatro horas ahí sentada. Recuerdo que me quedé mirando a la chica que nos acompañó hasta el asiento, llevaba una túnica negra con un medallón enorme y sonreía amablemente a todo el que se le acercara. Pensé que me hubiera gustado hacer su mismo trabajo de mayor para poder estar todos los días en ese lugar maravilloso, lleno de historia y con una acústica que el mundo nos envidia.
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EL PEDIDO
DAME sesenta mil muertos y te daré un país,
eso me dijo. y su enorme oscura
inevitable voz, también era una ciénaga.

¿Argentina se colapsa bajo el peso de la economía y se ahoga en la densidad de los gases lacrimógenos.
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EL FUEGO DE LA SALVACIÓN
DE NIÑO ME QUEDABA siempre a las orillas del misterio, en un rincón de la acera. Los que pasaban por ahí me daban dinero, cuando lo que yo quería en realidad era entrar. Las puertas de la cantina, alas destructoras, apenas me permitían atisbar, adivinar en la medusa del humo y la música los secretos más preciosos..
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