
EL SIGUIENTE, POR FAVOR
Siempre demasiado impacientes por el futuro, adquirimos
la mala costumbre de la esperanza.
Siempre hay algo que se acerca; cada día
decimos Hasta entonces,

EL SIGUIENTE, POR FAVOR
Siempre demasiado impacientes por el futuro, adquirimos
la mala costumbre de la esperanza.
Siempre hay algo que se acerca; cada día
decimos Hasta entonces,
Ilustración de Lorenzo Goñi
Acodados sobre el viejo, sobre el costroso mármol de los veladores, los clientes ven pasar a la dueña, casi sin mirarla ya, mientras piensan, vagamente, en ese mundo que, ¡ay!, no fue lo que pudo haber sido, en ese mundo en el que todo ha ido fallando poco a poco, sin que nadie se lo explicase, a lo mejor por una minucia insignificante.
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SIN PASADO
Pasamos muy cerca el uno del otro, demasiado rápido, también; pisamos la línea continua y nos destrozamos, mutuamente, los retrovisores. Desde entonces ninguno ha podido volver a mirar atrás.
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Ni tardía ni temprana la corteza ensimismada
Porque suceden círculos en el crecer del árbol
Si cualquier idiota desalentara el crecimiento
La luna de noviembre no sería doncella o pura

KODAK
Yo miraba,
tras la lente de una Kodak
con la que él sacó fotos de la guerra,
antes que la muerte disolviera
sus pupilas y delegara en mis ojos
el dolor de mirarme devastada
por la ausencia.

MEDIA ABUELA
Siempre tuve media abuela. Me miraba con su único ojo, me abrazaba con la mitad de las costillas y apenas un pecho. Respiraba con un pulmón y cuando escuchábamos música, ponía la oreja izquierda hacia los altavoces. Un día, mamá cavó un agujero junto al haya roja. Enterramos la cajita con sus cenizas y las trenzas que le cortaron a los quince años. Aunque murió la mitad de ella, la lloramos entera.
UN ROTO PARA UN DESCOSIDO
En el verano de 1999, sin darme cuenta, me enamoré de un hombre al que le faltaba el brazo izquierdo, supongo que tuvo que ver con que soy tuerta del ojo derecho.
Con el paso de los días pude constatar que no era el brazo izquierdo lo único que le faltaba pero cuando vine a darme cuenta ya no tenía remedio: me había enamorado como sólo se puede enamorar una colegiala tuerta.
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Coordinador: Jean Claude Fonder
Biblioteca del Instituto Cervantes, via Dante, 12, primer piso
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SEMEJANZAS
Se habla mucho del efecto anímico de Theo van Gogh en su hermano Vincent, pintor posimpresionista. Pero quien determinó el rumbo psíquico y estético de su obra fue otro hermano, homónimo suyo y fallecido antes de que él naciera. Se dice que ambos eran idénticos y que los famosos autorretratos de Vincent son retratos verosímiles del difunto. Tan opresiva era la sombra del muerto que el menor se cortó la oreja para diferenciarse. Descansan en la misma tumba, mezclados los huesos.
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XIX
ya no te reconozco
ni en la cadencia, ni en el pálpito
hoy recuerdo sólo el roce de la muerte liviana